Advierten que el diagnóstico erróneo del trastorno bipolar demora hasta diez años y eleva el riesgo de suicidio en los pacientes
Nota de prensaDra. Silvana Sarabia destaca la urgencia de diferenciar la depresión unipolar de la bipolar mediante el análisis de síntomas mixtos y antecedentes familiares para reducir la mortalidad clínica.
19 de febrero de 2026 - 1:21 p. m.
La psiquiatría moderna enfrenta un desafío crítico en la precisión diagnóstica de los trastornos del ánimo. Según la Dra. Silvana Sarabia, médica psiquiatra de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, el trastorno bipolar (TB) afecta actualmente a 40 millones de personas a nivel mundial, pero su identificación correcta suele retrasarse entre 7 y 10 años, lo que agrava significativamente el pronóstico de quienes lo padecen.
Durante su reciente exposición, la experta enfatizó que el trastorno bipolar es una enfermedad crónica compleja que no solo implica episodios de manía o depresión, sino también síntomas mixtos. Esta condición genera una carga psicosocial y financiera devastadora, además de estar vinculada a altas tasas de consumo de sustancias que complican la respuesta al tratamiento convencional.
Uno de los puntos clave de la ponencia fue la necesidad de distinguir entre la depresión unipolar (trastorno depresivo mayor) y la depresión bipolar. Aunque ambas comparten criterios de episodios depresivos mayores, presentan trayectorias clínicas divergentes: la depresión bipolar suele iniciar antes de los 25 años, presenta más de cinco episodios a lo largo de la vida y posee una fuerte carga genética de entre el 60% y 80%.
La Dra. Sarabia advirtió sobre el peligro de los "episodios mixtos", donde coexisten síntomas de ambos polos. Los pacientes con estas características presentan una menor edad de inicio, ciclos más rápidos y, de manera alarmante, una mayor frecuencia de intentos de suicidio en comparación con aquellos que sufren depresiones "puras".
La fisiopatología del trastorno bipolar revela una arquitectura poligénica con mecanismos que se superponen a la esquizofrenia y al consumo de sustancias. Factores ambientales como la adversidad infantil y alteraciones en el ritmo circadiano actúan sobre este riesgo genético, provocando incluso cambios estructurales como el adelgazamiento cortical en áreas cerebrales frontales y temporales.
En cuanto al manejo clínico, la especialista recomendó el uso de herramientas de tamizaje como el PHQ-9 y cuestionarios de trastornos del estado del ánimo para un seguimiento preciso. Es imperativo descartar episodios de hipomanía o manía en todo paciente que acuda por un episodio depresivo mayor para evitar tratamientos inadecuados que puedan disparar crisis de polaridad.
La farmacoterapia actual se centra en el uso de estabilizadores del ánimo como el litio, la lamotrigina y el valproato, además de antipsicóticos de segunda generación. Un hallazgo relevante compartido por Sarabia es la necesidad de evitar antidepresivos monoaminérgicos en pacientes que presentan episodios mixtos o ciclos rápidos, ya que pueden empeorar el curso de la enfermedad.
Más allá de los fármacos, la "Psiquiatría de Precisión" propone un abordaje integral que incluya psicoeducación, terapia cognitivo-conductual y terapia de ritmo interpersonal. Las intervenciones en el estilo de vida, como la higiene del sueño y la modificación del ritmo social, son fundamentales para que el paciente logre la autogestión de su condición.
Hacia el futuro, el campo de la salud mental se dirige hacia el estadiaje clínico, permitiendo intervenciones tempranas incluso en etapas de "riesgo" o pródromos. La identificación de biomarcadores y el uso de aprendizaje automático (machine learning) prometen revolucionar la capacidad de predecir recaídas y personalizar el tratamiento según el perfil neurobiológico del individuo.
Finalmente, la Dra. Sarabia concluyó que la mortalidad en el trastorno bipolar, tanto por causas naturales como por suicidio, es una realidad que solo puede revertirse mediante diagnósticos oportunos y una atención integral que trascienda la mera prescripción médica, integrando la remediación funcional y el apoyo psicosocial constante.
Durante su reciente exposición, la experta enfatizó que el trastorno bipolar es una enfermedad crónica compleja que no solo implica episodios de manía o depresión, sino también síntomas mixtos. Esta condición genera una carga psicosocial y financiera devastadora, además de estar vinculada a altas tasas de consumo de sustancias que complican la respuesta al tratamiento convencional.
Uno de los puntos clave de la ponencia fue la necesidad de distinguir entre la depresión unipolar (trastorno depresivo mayor) y la depresión bipolar. Aunque ambas comparten criterios de episodios depresivos mayores, presentan trayectorias clínicas divergentes: la depresión bipolar suele iniciar antes de los 25 años, presenta más de cinco episodios a lo largo de la vida y posee una fuerte carga genética de entre el 60% y 80%.
La Dra. Sarabia advirtió sobre el peligro de los "episodios mixtos", donde coexisten síntomas de ambos polos. Los pacientes con estas características presentan una menor edad de inicio, ciclos más rápidos y, de manera alarmante, una mayor frecuencia de intentos de suicidio en comparación con aquellos que sufren depresiones "puras".
La fisiopatología del trastorno bipolar revela una arquitectura poligénica con mecanismos que se superponen a la esquizofrenia y al consumo de sustancias. Factores ambientales como la adversidad infantil y alteraciones en el ritmo circadiano actúan sobre este riesgo genético, provocando incluso cambios estructurales como el adelgazamiento cortical en áreas cerebrales frontales y temporales.
En cuanto al manejo clínico, la especialista recomendó el uso de herramientas de tamizaje como el PHQ-9 y cuestionarios de trastornos del estado del ánimo para un seguimiento preciso. Es imperativo descartar episodios de hipomanía o manía en todo paciente que acuda por un episodio depresivo mayor para evitar tratamientos inadecuados que puedan disparar crisis de polaridad.
La farmacoterapia actual se centra en el uso de estabilizadores del ánimo como el litio, la lamotrigina y el valproato, además de antipsicóticos de segunda generación. Un hallazgo relevante compartido por Sarabia es la necesidad de evitar antidepresivos monoaminérgicos en pacientes que presentan episodios mixtos o ciclos rápidos, ya que pueden empeorar el curso de la enfermedad.
Más allá de los fármacos, la "Psiquiatría de Precisión" propone un abordaje integral que incluya psicoeducación, terapia cognitivo-conductual y terapia de ritmo interpersonal. Las intervenciones en el estilo de vida, como la higiene del sueño y la modificación del ritmo social, son fundamentales para que el paciente logre la autogestión de su condición.
Hacia el futuro, el campo de la salud mental se dirige hacia el estadiaje clínico, permitiendo intervenciones tempranas incluso en etapas de "riesgo" o pródromos. La identificación de biomarcadores y el uso de aprendizaje automático (machine learning) prometen revolucionar la capacidad de predecir recaídas y personalizar el tratamiento según el perfil neurobiológico del individuo.
Finalmente, la Dra. Sarabia concluyó que la mortalidad en el trastorno bipolar, tanto por causas naturales como por suicidio, es una realidad que solo puede revertirse mediante diagnósticos oportunos y una atención integral que trascienda la mera prescripción médica, integrando la remediación funcional y el apoyo psicosocial constante.
Esta noticia pertenece al compendio Noticias de la Jornada científica: "Las depresiones: más allá de sus fronteras".