Vínculo familiar es el principal escudo frente al uso excesivo de tecnología en menores, advierte especialista del INSM “HD-HN”

Nota de prensa
Señala que la tecnología actúa como sustituto del afecto ante la falta de apego seguro; OMS recomienda cero pantallas en menores de dos años para un sano desarrollo.
Vínculo familiar es el principal escudo frente al uso excesivo de tecnología en menores, advierte especialista del INSM “HD-HN”
Vínculo familiar es el principal escudo frente al uso excesivo de tecnología en menores, advierte especialista del INSM “HD-HN”

11 de febrero de 2026 - 3:17 p. m.

En el marco del 108.º aniversario del Hospital Víctor Larco Herrera, el Dr. Rolando Pomalima Rodríguez, director ejecutivo de la DEIDAE de Niños y Adolescentes del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM "HD-HN"), alertó sobre los riesgos del uso no regulado de dispositivos digitales. El especialista enfatizó que, ante la crisis de dependencia tecnológica actual, el fortalecimiento del vínculo familiar y el apego seguro constituyen el factor protector más eficaz para la salud mental en la infancia y adolescencia.

Durante su participación en la mesa redonda “Impacto de las Tecnologías en la Salud Mental de Niños y Adolescentes”, el Dr. Pomalima explicó que las herramientas digitales han dejado de ser solo recursos educativos para convertirse en detonantes de efectos adversos en el desarrollo emocional. El experto subrayó que el problema no radica exclusivamente en los dispositivos, sino en cómo estos son introducidos en la vida del menor sin la supervisión adecuada ni un soporte afectivo sólido.

Uno de los conceptos más potentes expuestos por el Dr. Pomalima fue la identificación de la tecnología como un "sustituto del afecto". En contextos donde los cuidadores están ausentes o son emocionalmente distantes, los niños y adolescentes recurren a los dispositivos como un regulador emocional externo. Esta dinámica busca compensar carencias de apego, utilizando la estimulación digital constante para lidiar con el estrés, la ansiedad o la soledad profunda.

“La tecnología no es una causa directa de los problemas de salud mental, sino un factor que amplifica vulnerabilidades previas, como la falta de contención emocional o la ausencia de un apego seguro”, precisó el especialista. Esta distinción es fundamental para entender que la solución no es solo técnica, sino relacional. El dispositivo llena un vacío que debería ser ocupado por la interacción humana y la validación parental.

Alineado con los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, el Dr. Pomalima recordó que para los menores de dos años la exposición a pantallas debe ser cero. En esta etapa crítica, el desarrollo neurobiológico depende estrictamente del contacto visual, el juego físico y la voz de los padres. Sustituir estas interacciones por luces y sonidos artificiales puede alterar permanentemente los circuitos de atención y respuesta emocional del infante.

En la infancia temprana, el exceso de dispositivos inhibe el juego libre, el cual es la herramienta vital para aprender a regular la frustración. Un niño que se calma únicamente con una pantalla pierde la oportunidad de desarrollar mecanismos internos de resiliencia. El Dr. Pomalima señaló que esta "anestesia digital" impide que los menores procesen sus emociones de manera natural, afectando su madurez psicológica a largo plazo.

Al abordar la adolescencia, el titular de la DEIDAE advirtió sobre la distorsión de la identidad a través de las redes sociales. La comparación social constante y la búsqueda de aprobación digital pueden socavar la autoestima en una etapa de alta vulnerabilidad. El acompañamiento de los adultos se vuelve crucial para que el joven aprenda a diferenciar la realidad de las narrativas digitales que exacerban estándares inalcanzables.

El Dr. Pomalima fue enfático en que las estrategias basadas meramente en la prohibición son insuficientes y a menudo contraproducentes. La clave es el acompañamiento preventivo. El experto instó a las familias a establecer límites claros mediante horarios libres de tecnología en casa, permitiendo que la convivencia familiar recupere su espacio natural. La tecnología debe tener un lugar, pero nunca el centro del hogar.

Asimismo, se hizo un llamado a fomentar la autonomía y el juego recreativo fuera del entorno digital. Revalorizar actividades como el deporte, el arte y la lectura no solo desconecta al menor de la pantalla, sino que lo conecta con sus propias capacidades y con el mundo real. La presencia significativa de los padres, como figuras de seguridad y guía, es irremplazable por cualquier algoritmo o aplicación de vanguardia.

“La dependencia a las pantallas no surge por falta de fuerza de voluntad; surge porque los menores buscan seguridad cuando los vínculos reales fallan. El problema no es la pantalla, sino la soledad fisiológica que hay detrás”, concluyó el Dr. Pomalima. Su mensaje final refuerza la necesidad de una crianza presente y afectuosa como la única tecnología capaz de sanar y proteger la mente de las futuras generaciones.