Olas de calor pueden afectar la salud mental de los adultos mayores: INSM alerta sobre cambios de conducta y riesgos por deshidratación
Nota de prensaEspecialistas advierten que el calor extremo altera la sensibilidad a la sed y la eficacia de fármacos psiquiátricos, recomendando rutinas estrictas de hidratación y vigilancia del estado de ánimo.

29 de enero de 2026 - 1:46 p. m.
Ante el incremento sostenido de las temperaturas, la Dirección Ejecutiva de Investigación, Docencia y Atención Especializada (DEIDAE) de Adultos y Adultos Mayores del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” hacen recomendaciones a familiares y cuidadores. El objetivo es prevenir descompensaciones emocionales y cognitivas en una de las poblaciones más vulnerables al estrés térmico, donde los síntomas no siempre son físicos, sino que se manifiestan a través de cambios bruscos en el comportamiento y la salud mental.
Uno de los puntos críticos señalados por los especialistas es la pérdida de sensibilidad en el centro de la sed ubicado en el cerebro, un proceso natural del envejecimiento que se agrava con el calor. Por ello, la DEIDAE de Adultos y Adultos Mayores recomienda no esperar a que el adulto mayor manifieste necesidad de beber líquidos. Se debe establecer una rutina de hidratación obligatoria, con un vaso de agua cada dos horas, para asegurar un flujo sanguíneo cerebral óptimo y evitar cuadros de confusión mental o desorientación.
La salud mental también se ve comprometida por la interacción entre el clima y la farmacología. Ciertos medicamentos utilizados para tratar la depresión, la ansiedad o la psicosis pueden alterar la capacidad del organismo para sudar y autorregular su temperatura. Los expertos sugieren consultar con el psiquiatra tratante sobre posibles ajustes de dosis en pacientes que consumen litio o antipsicóticos, ya que el riesgo de sufrir un "golpe de calor medicamentoso" y crisis de agitación es considerablemente mayor. El descanso nocturno es otro pilar que se debilita durante la temporada estival. El "insomnio térmico" es identificado como la principal causa de irritabilidad y caídas en los ancianos. Para mitigar esto, se aconseja una higiene del sueño que incluya baños de esponja con agua tibia —nunca helada para evitar el choque térmico— antes de dormir. Esta práctica facilita la liberación de melatonina, hormona clave para un sueño reparador que impacta directamente en el estado de ánimo al día siguiente.
La nutrición desempeña un rol metabólico esencial en la gestión del calor. La DEIDAE promueve una alimentación denominada "cerebro-fresca", basada en frutas con alto contenido hídrico como la sandía o el melón. Se debe evitar el consumo de comidas copiosas o muy calientes entre las 11:00 y las 16:00 horas, ya que las digestiones pesadas elevan la temperatura interna del cuerpo, provocando somnolencia excesiva o la sensación de "neblina mental" que dificulta el procesamiento de información. Un aspecto vital para los cuidadores es aprender a leer los "signos cognitivos" del calor. En muchos adultos mayores, el primer síntoma de estrés térmico no es la sudoración excesiva, sino una alteración conductual. Si el paciente se muestra inusualmente callado, responde con lentitud, se siente desorientado o presenta episodios de agresividad sin causa aparente, debe ser trasladado de inmediato a un ambiente fresco y recibir hidratación urgente, pues podría estar cursando una emergencia médica.
La institución hace un llamado a la empatía y la paciencia de quienes conviven con personas de la tercera edad. Es fundamental comprender que la irritabilidad o el mal humor durante los días de calor intenso no son actitudes voluntarias o caprichosas, sino una respuesta biológica directa al estrés que sufre el organismo. El cerebro, al intentar enfriarse, agota sus recursos de autorregulación emocional, lo que requiere un entorno de apoyo y comprensión por parte del núcleo familiar.
Finalmente, la DEIDAE reafirma que la prevención es la herramienta más eficaz para proteger la integridad psíquica de los adultos mayores. Mantener habitaciones ventiladas, evitar la exposición directa al sol en horas pico y seguir las pautas de hidratación y medicación son pasos sencillos que salvan vidas. La salud mental en el verano es una prioridad de salud pública que exige una vigilancia constante de los signos vitales y emocionales para asegurar un envejecimiento saludable y digno.
Uno de los puntos críticos señalados por los especialistas es la pérdida de sensibilidad en el centro de la sed ubicado en el cerebro, un proceso natural del envejecimiento que se agrava con el calor. Por ello, la DEIDAE de Adultos y Adultos Mayores recomienda no esperar a que el adulto mayor manifieste necesidad de beber líquidos. Se debe establecer una rutina de hidratación obligatoria, con un vaso de agua cada dos horas, para asegurar un flujo sanguíneo cerebral óptimo y evitar cuadros de confusión mental o desorientación.
La salud mental también se ve comprometida por la interacción entre el clima y la farmacología. Ciertos medicamentos utilizados para tratar la depresión, la ansiedad o la psicosis pueden alterar la capacidad del organismo para sudar y autorregular su temperatura. Los expertos sugieren consultar con el psiquiatra tratante sobre posibles ajustes de dosis en pacientes que consumen litio o antipsicóticos, ya que el riesgo de sufrir un "golpe de calor medicamentoso" y crisis de agitación es considerablemente mayor. El descanso nocturno es otro pilar que se debilita durante la temporada estival. El "insomnio térmico" es identificado como la principal causa de irritabilidad y caídas en los ancianos. Para mitigar esto, se aconseja una higiene del sueño que incluya baños de esponja con agua tibia —nunca helada para evitar el choque térmico— antes de dormir. Esta práctica facilita la liberación de melatonina, hormona clave para un sueño reparador que impacta directamente en el estado de ánimo al día siguiente.
La nutrición desempeña un rol metabólico esencial en la gestión del calor. La DEIDAE promueve una alimentación denominada "cerebro-fresca", basada en frutas con alto contenido hídrico como la sandía o el melón. Se debe evitar el consumo de comidas copiosas o muy calientes entre las 11:00 y las 16:00 horas, ya que las digestiones pesadas elevan la temperatura interna del cuerpo, provocando somnolencia excesiva o la sensación de "neblina mental" que dificulta el procesamiento de información. Un aspecto vital para los cuidadores es aprender a leer los "signos cognitivos" del calor. En muchos adultos mayores, el primer síntoma de estrés térmico no es la sudoración excesiva, sino una alteración conductual. Si el paciente se muestra inusualmente callado, responde con lentitud, se siente desorientado o presenta episodios de agresividad sin causa aparente, debe ser trasladado de inmediato a un ambiente fresco y recibir hidratación urgente, pues podría estar cursando una emergencia médica.
La institución hace un llamado a la empatía y la paciencia de quienes conviven con personas de la tercera edad. Es fundamental comprender que la irritabilidad o el mal humor durante los días de calor intenso no son actitudes voluntarias o caprichosas, sino una respuesta biológica directa al estrés que sufre el organismo. El cerebro, al intentar enfriarse, agota sus recursos de autorregulación emocional, lo que requiere un entorno de apoyo y comprensión por parte del núcleo familiar.
Finalmente, la DEIDAE reafirma que la prevención es la herramienta más eficaz para proteger la integridad psíquica de los adultos mayores. Mantener habitaciones ventiladas, evitar la exposición directa al sol en horas pico y seguir las pautas de hidratación y medicación son pasos sencillos que salvan vidas. La salud mental en el verano es una prioridad de salud pública que exige una vigilancia constante de los signos vitales y emocionales para asegurar un envejecimiento saludable y digno.