La depresión en el Perú afecta a jóvenes y mujeres mientras el estigma y la soledad actúan como motores de la crisis
Nota de prensaResultados preliminares de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2022 revelan que 1 de cada 8 peruanos sufriría esta enfermedad.

12 de enero de 2026 - 4:22 p. m.
La depresión ha dejado de ser una sombra silenciosa para convertirse en una emergencia de salud pública en el Perú. En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el Instituto Nacional de Salud mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM “HD-HN”) comparte los hallazgos preliminares de la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) 2022 que impulsó y los registros de atención del año 2025 de su Departamento de Emergencia, el panorama es revelador: la prevalencia de vida alcanza el 11,91 %, lo que significa que aproximadamente uno de cada ocho personas enfrentaría este trastorno. Esta cifra no es solo una estadística; representa una carga emocional que altera la funcionalidad biológica y social de miles de hogares peruanos.
El Dr. Javier Saavedra Castillo, director ejecutivo de la Oficina Ejecutiva de Apoyo a la Investigación y Docencia Especializada del INSM “HD-HN”, es enfático al señalar que el mayor obstáculo para la recuperación es el estigma. Existe el mito persistente de que la depresión es una "falta de voluntad" o una debilidad de carácter. Sin embargo, la ciencia demuestra que es una condición clínica con bases biológicas y psicológicas. El prejuicio de que los problemas de salud mental son “signos de debilidad” retrasa el diagnóstico, haciendo que muchos pacientes busquen ayuda solo cuando el cuadro es crítico, ocultando su dolor tras síntomas físicos como taquicardias o fatiga crónica.
Las estadísticas 2025 presentadas por la Dra. Winnet Vargas, jefa del Departamento de Emergencia del INSM “HD-HN”, muestran una mayor proporción de atenciones por depresión en mujeres, quienes concentran el 65,4 % de los casos atendidos. Esta tendencia es consistente con los datos de prevalencia disponibles y refleja desigualdades estructurales y sociales. Al respecto, el Dr. Saavedra señala que esta situación responde, entre otros factores, a una “doble tensión” asociada a la sobrecarga de roles de cuidado y al trabajo no remunerado, que incrementan la exposición al estrés crónico.
La mayor convergencia entre la data epidemiológica y la realidad de Emergencia se manifiesta en la edad. Los jóvenes de 18 a 29 años lideran las estadísticas. Según la ENSM, su tasa de prevalencia actual (2,49 %) duplica a la de los adultos mayores de 30 años. La Dra. Vargas reporta que el pico de consultas en emergencia ocurre entre los 18 y 24 años, con cientos de casos anuales. Esta generación enfrenta una tormenta perfecta de precariedad laboral, incertidumbre y una fragilidad de vínculos exacerbada por la era digital.
El informe revela que el entorno urbano es un factor de riesgo determinante, con una prevalencia del 12,48 % frente al 8,92 % en zonas rurales. Lima Metropolitana y la macrorregión Centro son los puntos más críticos. El Dr. Saavedra reflexiona que, mientras en varias partes del Perú como la sierra el sentido de comunidad actúa como un amortiguador, en las grandes ciudades el anonimato y la competitividad extrema erosionan la salud mental de la población.
De otro lado, la soledad no deseada es, quizá, el predictor más fuerte de la enfermedad. Aquellos que están viudos, separados o divorciados presentan la tasa más alta de depresión (19.21 %). La coincidencia es clara: el ser humano necesita vínculos sólidos. El aislamiento, tanto físico como emocional, eleva exponencialmente el riesgo de que la tristeza se transforme en un episodio clínico grave.
¿Cómo identificar o reconocer la depresión?
El reconocimiento temprano es vital. El Dr. Saavedra señala dos síntomas cardinales: la tristeza continua y la anhedonia (incapacidad de disfrutar lo que antes agradaba). No se trata de un mal día, sino de un estado que persiste por más de dos semanas y afecta el apetito, el sueño y la energía. La Dra. Vargas añade que el 18.9 % de todas las consultas de emergencia son por estos síntomas, lo que indica que la población está empezando a identificar el malestar, aunque a menudo acuda cuando hay ideación suicida.
Un dato alentador de la Dra. Vargas es que el 98.42 % de pacientes que llegan a Emergencia con síntomas depresivos son manejados de forma ambulatoria. Esto significa que la hospitalización no es la única vía; sin embargo, ambos especialistas coinciden en que se requiere robustecer la red de seguimiento. El riesgo de discontinuidad es alto: muchos abandonan el tratamiento al sentir una mejora leve, lo que abre la puerta a reincidencias peligrosas.
El Dr. Saavedra concluye que la salud mental debe ser una prioridad sin distinciones. El éxito del tratamiento no depende solo de la medicina, sino de la reconstrucción de los lazos sociales. Su visión es didáctica: educar a la población para que reconozca que la depresión no tiene bandera ni estrato social. Entender nuestra vulnerabilidad compartida es el primer paso para construir una sociedad más empática y funcional, donde nadie tenga que sufrir en silencio. La depresión no distingue entre pobreza extrema y riqueza, ni entre niveles educativos. La verdadera solución no es solo médica, sino social. Necesitamos sociedades más empáticas, menos aceleradas y más conectadas humanamente. Pedir ayuda no es un acto de debilidad, sino de profunda valentía para recuperar el motor de la vida.
Factores protectores como un verdadero escudo emocional
La cohesión familiar, las redes de apoyo social, el reconocimiento, la validación emocional y el sentido de pertenencia a una comunidad, resultan fundamentales para reducir el impacto del estrés y del aislamiento, especialmente en contextos urbanos marcados por la competitividad y la presión constante.
Asimismo, contar con un propósito, un sentido de vida o una motivación que trascienda lo material permite relativizar las dificultades cotidianas y fortalecer la esperanza frente al futuro. Estos recursos internos —como la capacidad de encontrar significado en medio de la adversidad y sostener la expectativa de que la situación puede mejorar— ayudan a prevenir la anhedonia y favorecen la resiliencia emocional.
El Dr. Saavedra destaca que “fortalecer los lazos de reciprocidad, promover el cuidado mutuo y fomentar un propósito de vida con sentido son elementos clave para la salud mental colectiva”. En esa línea, subraya la importancia de la educación emocional desde la infancia, que permite desarrollar una “caja de herramientas” para reconocer emociones, fomentar resiliencia, pedir ayuda y gestionar el estrés de la vida adulta sin llegar al quiebre emocional.
Finalmente, el INSM “HD-HN” recuerda que pedir ayuda también es un factor protector esencial. Frente a señales persistentes de tristeza, aislamiento, desesperanza o pérdida de interés, es importante no enfrentar la situación en soledad. El Ministerio de Salud pone a disposición de la ciudadanía la Línea gratuita 113, opción 5, donde se brinda orientación profesional confidencial en salud mental. Hablar a tiempo, buscar apoyo y fortalecer las redes comunitarias puede marcar una diferencia decisiva en la prevención y atención de la depresión.
El Dr. Javier Saavedra Castillo, director ejecutivo de la Oficina Ejecutiva de Apoyo a la Investigación y Docencia Especializada del INSM “HD-HN”, es enfático al señalar que el mayor obstáculo para la recuperación es el estigma. Existe el mito persistente de que la depresión es una "falta de voluntad" o una debilidad de carácter. Sin embargo, la ciencia demuestra que es una condición clínica con bases biológicas y psicológicas. El prejuicio de que los problemas de salud mental son “signos de debilidad” retrasa el diagnóstico, haciendo que muchos pacientes busquen ayuda solo cuando el cuadro es crítico, ocultando su dolor tras síntomas físicos como taquicardias o fatiga crónica.
Las estadísticas 2025 presentadas por la Dra. Winnet Vargas, jefa del Departamento de Emergencia del INSM “HD-HN”, muestran una mayor proporción de atenciones por depresión en mujeres, quienes concentran el 65,4 % de los casos atendidos. Esta tendencia es consistente con los datos de prevalencia disponibles y refleja desigualdades estructurales y sociales. Al respecto, el Dr. Saavedra señala que esta situación responde, entre otros factores, a una “doble tensión” asociada a la sobrecarga de roles de cuidado y al trabajo no remunerado, que incrementan la exposición al estrés crónico.
La mayor convergencia entre la data epidemiológica y la realidad de Emergencia se manifiesta en la edad. Los jóvenes de 18 a 29 años lideran las estadísticas. Según la ENSM, su tasa de prevalencia actual (2,49 %) duplica a la de los adultos mayores de 30 años. La Dra. Vargas reporta que el pico de consultas en emergencia ocurre entre los 18 y 24 años, con cientos de casos anuales. Esta generación enfrenta una tormenta perfecta de precariedad laboral, incertidumbre y una fragilidad de vínculos exacerbada por la era digital.
El informe revela que el entorno urbano es un factor de riesgo determinante, con una prevalencia del 12,48 % frente al 8,92 % en zonas rurales. Lima Metropolitana y la macrorregión Centro son los puntos más críticos. El Dr. Saavedra reflexiona que, mientras en varias partes del Perú como la sierra el sentido de comunidad actúa como un amortiguador, en las grandes ciudades el anonimato y la competitividad extrema erosionan la salud mental de la población.
De otro lado, la soledad no deseada es, quizá, el predictor más fuerte de la enfermedad. Aquellos que están viudos, separados o divorciados presentan la tasa más alta de depresión (19.21 %). La coincidencia es clara: el ser humano necesita vínculos sólidos. El aislamiento, tanto físico como emocional, eleva exponencialmente el riesgo de que la tristeza se transforme en un episodio clínico grave.
¿Cómo identificar o reconocer la depresión?
El reconocimiento temprano es vital. El Dr. Saavedra señala dos síntomas cardinales: la tristeza continua y la anhedonia (incapacidad de disfrutar lo que antes agradaba). No se trata de un mal día, sino de un estado que persiste por más de dos semanas y afecta el apetito, el sueño y la energía. La Dra. Vargas añade que el 18.9 % de todas las consultas de emergencia son por estos síntomas, lo que indica que la población está empezando a identificar el malestar, aunque a menudo acuda cuando hay ideación suicida.
Un dato alentador de la Dra. Vargas es que el 98.42 % de pacientes que llegan a Emergencia con síntomas depresivos son manejados de forma ambulatoria. Esto significa que la hospitalización no es la única vía; sin embargo, ambos especialistas coinciden en que se requiere robustecer la red de seguimiento. El riesgo de discontinuidad es alto: muchos abandonan el tratamiento al sentir una mejora leve, lo que abre la puerta a reincidencias peligrosas.
El Dr. Saavedra concluye que la salud mental debe ser una prioridad sin distinciones. El éxito del tratamiento no depende solo de la medicina, sino de la reconstrucción de los lazos sociales. Su visión es didáctica: educar a la población para que reconozca que la depresión no tiene bandera ni estrato social. Entender nuestra vulnerabilidad compartida es el primer paso para construir una sociedad más empática y funcional, donde nadie tenga que sufrir en silencio. La depresión no distingue entre pobreza extrema y riqueza, ni entre niveles educativos. La verdadera solución no es solo médica, sino social. Necesitamos sociedades más empáticas, menos aceleradas y más conectadas humanamente. Pedir ayuda no es un acto de debilidad, sino de profunda valentía para recuperar el motor de la vida.
Factores protectores como un verdadero escudo emocional
La cohesión familiar, las redes de apoyo social, el reconocimiento, la validación emocional y el sentido de pertenencia a una comunidad, resultan fundamentales para reducir el impacto del estrés y del aislamiento, especialmente en contextos urbanos marcados por la competitividad y la presión constante.
Asimismo, contar con un propósito, un sentido de vida o una motivación que trascienda lo material permite relativizar las dificultades cotidianas y fortalecer la esperanza frente al futuro. Estos recursos internos —como la capacidad de encontrar significado en medio de la adversidad y sostener la expectativa de que la situación puede mejorar— ayudan a prevenir la anhedonia y favorecen la resiliencia emocional.
El Dr. Saavedra destaca que “fortalecer los lazos de reciprocidad, promover el cuidado mutuo y fomentar un propósito de vida con sentido son elementos clave para la salud mental colectiva”. En esa línea, subraya la importancia de la educación emocional desde la infancia, que permite desarrollar una “caja de herramientas” para reconocer emociones, fomentar resiliencia, pedir ayuda y gestionar el estrés de la vida adulta sin llegar al quiebre emocional.
Finalmente, el INSM “HD-HN” recuerda que pedir ayuda también es un factor protector esencial. Frente a señales persistentes de tristeza, aislamiento, desesperanza o pérdida de interés, es importante no enfrentar la situación en soledad. El Ministerio de Salud pone a disposición de la ciudadanía la Línea gratuita 113, opción 5, donde se brinda orientación profesional confidencial en salud mental. Hablar a tiempo, buscar apoyo y fortalecer las redes comunitarias puede marcar una diferencia decisiva en la prevención y atención de la depresión.