Especialista de salud mental advierte que el consumo excesivo de alcohol en fiestas de fin de año incrementa la depresión y la violencia
Nota de prensaExperto de Adicciones señala que la presión social normaliza el abuso de sustancias, afectando gravemente la salud física, el entorno familiar y la seguridad ciudadana.

31 de enero de 2025 - 5:00 p. m.
El consumo de bebidas alcohólicas durante las festividades de fin de año no es solo una costumbre social, sino que constituye un riesgo relevante para la salud pública. Según un especialista de la Dirección Ejecutiva de Adicciones (DEIDAE) del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM “HD-HN”), en estas fechas se registra un incremento significativo de episodios de intoxicación alcohólica, recaídas en personas con dependencia y diversas consecuencias médicas y psicosociales.
El médico psiquiatra Fernando Luna, director ejecutivo de la DEIDAE de Adicciones advierte que el alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central, lo cual contradice la creencia popular de que “ayuda a celebrar” o “mejora el ánimo”. Cuando se consume en exceso, se alteran las funciones cognitivas, el juicio y el autocontrol, lo que favorece conductas de riesgo, accidentes de tránsito y una disminución significativa de la percepción del peligro. Desde el punto de vista orgánico, el impacto del alcohol es agudo y multidimensional. El consumo desmedido afecta directamente al hígado, el páncreas y el sistema cardiovascular, pudiendo desencadenar arritmias, crisis hipertensivas u otras complicaciones médicas. Además, altera los ciclos normales del sueño y debilita el sistema inmunológico, dejando al organismo más vulnerable luego de jornadas prolongadas de celebración y privación de descanso.
En el plano psicológico, el especialista explica que muchas personas utilizan el alcohol como una forma de “escape” frente al vacío existencial, la melancolía, la frustración o la culpa, especialmente en el cierre del año. En otros casos, se recurre a él como un medio hedonista en la búsqueda intensa de placer. Sin embargo, este efecto es engañoso y contraproducente: el alcohol exacerba los sentimientos de tristeza, soledad, aburrimiento y el sinsentido vital, pudiendo precipitar crisis de ansiedad, episodios depresivos profundos o reacciones violentas no entendidas ni deseadas por los involucrados. El entorno familiar es uno de los más afectados por esta problemática. El consumo excesivo suele convertirse en detonante de conflictos interpersonales, discusiones y, en muchos casos, violencia familiar. La dinámica de celebración se ve deteriorada por la irritabilidad, la desinhibición y la pérdida del control de impulsos de quien consume, afectando la armonía y la seguridad del hogar. En el ámbito social, la presión por “brindar” o “no quedarse atrás” constituye un factor de riesgo importante. El especialista señala que la sociedad ha normalizado el abuso de alcohol como si fuera un requisito indispensable para la diversión, invisibilizando a las personas que se encuentran en proceso de recuperación y exponiéndolas a situaciones que ponen en riesgo su abstinencia y su estabilidad emocional.
Frente a este escenario, el INSM “HD-HN” insta a la población a buscar alternativas de celebración que no dependan del consumo de sustancias psicoactivas. Celebrar puede significar fortalecer los vínculos familiares y amicales, practicar la gratitud, propiciar el descanso y compartir espacios de encuentro auténtico. Optar por bebidas sin alcohol, cenas familiares y actividades recreativas permite una conexión más consciente y saludable con los seres queridos.
Para quienes decidan participar en reuniones donde se ofrece alcohol, la principal recomendación es la planificación previa. Se sugiere establecer un límite claro de consumo y no ceder a la presión del grupo. Es recomendable alternar cada copa de alcohol con un vaso de agua, haber ingerido alimentos sólidos antes de beber y, de ser posible, no exceder dos copas por reunión, consumidas lentamente —idealmente una por hora— para facilitar la metabolización fisiológica del alcohol.
Asimismo, se enfatiza la importancia de evitar el consumo de alcohol si se está bajo tratamiento médico, si se padece alguna condición de salud mental o si se va a conducir cualquier tipo de vehículo o manejar maquinaria. El alcohol interfiere con la mayoría de los psicofármacos, pudiendo anular su efecto terapéutico o potenciar efectos secundarios peligrosos para la estabilidad del paciente.
Cuando el consumo ocurre, el concepto de “consumo responsable” también implica una responsabilidad compartida. Si se observa que un familiar o amigo ha perdido el control, es fundamental retirarle la bebida, impedir que conduzca y no dejarlo solo, especialmente si presenta signos de intoxicación severa.
El especialista de la DEIDAE recuerda que el fin de año debe ser una oportunidad para la reflexión personal y el cuidado de la salud mental, y no un motivo de tragedia o deterioro personal y familiar. Preservar la salud mental requiere decisiones conscientes que prioricen la integridad física y emocional por encima de las expectativas sociales.
Finalmente, recordar que siempre se puede acudir al Centro de Salud más cercano al domicilio, o al Centro de Salud Mental Comunitario de la jurisdicción. Por otro lado, totalmente gratuita y las 24 horas del día, la línea 113 opción 5 del Minsa está a disposición de quienes deseen orientación en temas de salud mental.
Reconocer la necesidad de ayuda es el primer paso para iniciar un nuevo año con mayor salud, equilibrio y una verdadera calidad de vida junto a la familia y la comunidad.
El médico psiquiatra Fernando Luna, director ejecutivo de la DEIDAE de Adicciones advierte que el alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central, lo cual contradice la creencia popular de que “ayuda a celebrar” o “mejora el ánimo”. Cuando se consume en exceso, se alteran las funciones cognitivas, el juicio y el autocontrol, lo que favorece conductas de riesgo, accidentes de tránsito y una disminución significativa de la percepción del peligro. Desde el punto de vista orgánico, el impacto del alcohol es agudo y multidimensional. El consumo desmedido afecta directamente al hígado, el páncreas y el sistema cardiovascular, pudiendo desencadenar arritmias, crisis hipertensivas u otras complicaciones médicas. Además, altera los ciclos normales del sueño y debilita el sistema inmunológico, dejando al organismo más vulnerable luego de jornadas prolongadas de celebración y privación de descanso.
En el plano psicológico, el especialista explica que muchas personas utilizan el alcohol como una forma de “escape” frente al vacío existencial, la melancolía, la frustración o la culpa, especialmente en el cierre del año. En otros casos, se recurre a él como un medio hedonista en la búsqueda intensa de placer. Sin embargo, este efecto es engañoso y contraproducente: el alcohol exacerba los sentimientos de tristeza, soledad, aburrimiento y el sinsentido vital, pudiendo precipitar crisis de ansiedad, episodios depresivos profundos o reacciones violentas no entendidas ni deseadas por los involucrados. El entorno familiar es uno de los más afectados por esta problemática. El consumo excesivo suele convertirse en detonante de conflictos interpersonales, discusiones y, en muchos casos, violencia familiar. La dinámica de celebración se ve deteriorada por la irritabilidad, la desinhibición y la pérdida del control de impulsos de quien consume, afectando la armonía y la seguridad del hogar. En el ámbito social, la presión por “brindar” o “no quedarse atrás” constituye un factor de riesgo importante. El especialista señala que la sociedad ha normalizado el abuso de alcohol como si fuera un requisito indispensable para la diversión, invisibilizando a las personas que se encuentran en proceso de recuperación y exponiéndolas a situaciones que ponen en riesgo su abstinencia y su estabilidad emocional.
Frente a este escenario, el INSM “HD-HN” insta a la población a buscar alternativas de celebración que no dependan del consumo de sustancias psicoactivas. Celebrar puede significar fortalecer los vínculos familiares y amicales, practicar la gratitud, propiciar el descanso y compartir espacios de encuentro auténtico. Optar por bebidas sin alcohol, cenas familiares y actividades recreativas permite una conexión más consciente y saludable con los seres queridos.
Para quienes decidan participar en reuniones donde se ofrece alcohol, la principal recomendación es la planificación previa. Se sugiere establecer un límite claro de consumo y no ceder a la presión del grupo. Es recomendable alternar cada copa de alcohol con un vaso de agua, haber ingerido alimentos sólidos antes de beber y, de ser posible, no exceder dos copas por reunión, consumidas lentamente —idealmente una por hora— para facilitar la metabolización fisiológica del alcohol.
Asimismo, se enfatiza la importancia de evitar el consumo de alcohol si se está bajo tratamiento médico, si se padece alguna condición de salud mental o si se va a conducir cualquier tipo de vehículo o manejar maquinaria. El alcohol interfiere con la mayoría de los psicofármacos, pudiendo anular su efecto terapéutico o potenciar efectos secundarios peligrosos para la estabilidad del paciente.
Cuando el consumo ocurre, el concepto de “consumo responsable” también implica una responsabilidad compartida. Si se observa que un familiar o amigo ha perdido el control, es fundamental retirarle la bebida, impedir que conduzca y no dejarlo solo, especialmente si presenta signos de intoxicación severa.
El especialista de la DEIDAE recuerda que el fin de año debe ser una oportunidad para la reflexión personal y el cuidado de la salud mental, y no un motivo de tragedia o deterioro personal y familiar. Preservar la salud mental requiere decisiones conscientes que prioricen la integridad física y emocional por encima de las expectativas sociales.
Finalmente, recordar que siempre se puede acudir al Centro de Salud más cercano al domicilio, o al Centro de Salud Mental Comunitario de la jurisdicción. Por otro lado, totalmente gratuita y las 24 horas del día, la línea 113 opción 5 del Minsa está a disposición de quienes deseen orientación en temas de salud mental.
Reconocer la necesidad de ayuda es el primer paso para iniciar un nuevo año con mayor salud, equilibrio y una verdadera calidad de vida junto a la familia y la comunidad.