¡ESTE ES GUERRA!
Nota de prensa



25 de febrero de 2020 - 7:19 a. m.
Javier Guerra Bocanegra aún recuerda el día que estuvo a punto de morir. Cinco años estuvo de soldado, pero vino a enfrentarse con los terroristas ya cuando estaba de baja. Era el 26 de febrero de 1996 y patrullaba con la ronda de Huicungo (Mariscal Cáceres) cuando una ráfaga de balas le zumbó los oídos. Repelió el ataque, pero eran tantos los senderistas que tuvieron que camuflarse en el barro.
Ese fue el primero de sus combates, pero los que vinieron después ya no tenían balas en la cacerina, sino que los libró en el monte. Donde años atrás algún ganadero obstinado tumbó árboles pensando en engordar reses.
“Esto lo encontré como un pastizal, pero con mi familia apoyando pude hacer realidad mis hectáreas de limón. Están lindas las condenadas. Mira este limón, tiene un brillo que así nomás no hay”, apunta entusiasmado el ex conscripto que ahora saca cuentas sobre plantones. Que calcula la cantidad de agua necesaria para cada recta de sembrío. Que se pasa horas podando para que sus limones tengan la pepa necesaria para el mercado internacional.
Guerra, cincuenta y pico años, machete en mano y canguro donde guarda los apuntes aritméticos que harán posible su sueño, camina orondo y con agilidad adolescente entre plantones de limón tahití y plátanos dispuestos al medio para servir de abono natural.
“Me metí al limón porque recibí la capacitación del gobierno regional para diversificar mi producción y porque gracias a ellos también tengo mercado para mis limones. Los técnicos del gobierno regional me enseñan y la empresa Casablanca me comprará el producto y lo llevará a Chile y EEUU. Voy a ampliar dos hectáreas más. Ya no seguiré plantando frutas sin mercado, el limón es la voz”, sentencia Guerra y nos cuenta, orgulloso, que su hijo estudia administración en la universidad y que cuando termine, esta finca deberá estar consolidada, tanto como la revolución productiva que ya empieza a dar resultados.
Y es que justamente esta conjunción de esfuerzos entre empresa privada, gobierno regional y el productor sanmartinense, mediante la Oficina de Promoción de la Inversión Privada Sostenible, intenta revertir la situación de olvido que durante décadas se vivió en las provincias más productivas de la región.
La meta de la revolución productiva, en el caso del limón tahití, es planificar la oferta productiva de acuerdo al mercado global. Es decir, que nuestros productores siembren lo que el mercado requiera para no generar una sobreoferta que, en otros productos y hace años, terminó dañando al agricultor y generando un talón de Aquiles en la plataforma productiva.