Pilpintuwasi y Chavita: refugios de esperanza frente al tráfico ilegal de fauna silvestre
CrónicaMás de 20 especies fueron rescatados del tráfico ilegal y la caza furtiva encuentran protección, rehabilitación y una segunda oportunidad de vida.





16 de febrero de 2026 - 6:00 a. m.
Iquitos. - A orillas del río Nanay, en el centro poblado de Padre Cocha, dos espacios se han convertido en símbolo de resistencia frente al tráfico ilegal de fauna silvestre: el Centro de Conservación Pilpintuwasi y el Centro de Rescate Chavita. En ambos, más de 20 especies víctimas de la caza furtiva o del comercio ilegal reciben atención especializada y un entorno seguro para su recuperación.
La historia de estos refugios está estrechamente vinculada a la de Gudrun Sperrer Huber, una ciudadana austriaca que llegó como turista hace 42 años y quedo marcada por la fuerza de la Amazonía peruana . Ese encuentro la impulsó a regresar en 2002 y dedicar su vida al cuidado de la fauna. Lo que comenzó como un zoocriadero de mariposas se transformó, con el tiempo, en un centro de conservación reconocido que atiende especies de fauna silvestre como tortugas motelo de patas amarilla, otorongos, primates y osos hormigueros en estado de vulnerabilidad. “Muchos de ellos llegan en condiciones críticas y aquí reciben atención veterinaria, protección y el cariño necesario para volver a vivir en libertad”, explica Gudrun.
Un modelo de manejo que funciona
La labor de Pilpintuwasi y Chavita recibió una calificación de diez estrellas en el Zoobservatorio del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR), tras la supervisión realizada en julio de 2025. Este puntaje se otorga solo a centros que cumplen estándares estrictos de alimentación, salud, seguridad de recintos, bienestar animal, y que mantienen al día todas sus obligaciones administrativas.
El resultado refleja un trabajo técnico sostenido que incluye protocolos de rehabilitación, enriquecimiento ambiental y una gestión transparente de sus operaciones. Por ello, Pilpintuwasi y Chavita, también recibieron el reconocimiento de fauna silvestre del OSINFOR.
Dos historias que revelan la magnitud del problema
En Chavita, un otorongo (Panthera onca) nos recuerda lo que enfrentan muchas especies amazónicas. Rescatado en 2021 de una granja en la carretera Iquitos–Nauta, había sido criado como mascota dentro de una jaula de apenas dos metros de alto. Llegó con infección ocular, cortes en orejas y garras, y una anatomía deteriorada por años de encierro. Hoy vive bajo cuidados permanentes en el centro, donde puede moverse, alimentarse adecuadamente y recibir atención veterinaria.
Otra historia es la de un oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla) encontrado durante un operativo contra el comercio ilegal de fauna en Lima durante el 2024. Estaba desnutrido y confinado en un espacio reducido. Tras meses de tratamiento y vigilancia en el centro de rescate Chavita, hoy se encuentra recuperado y próximo a ser liberado en su hábitat natural. “Está fuerte y sano. Su proceso de recuperación ha sido largo, pero ha respondido muy bien”, agrega Gudrun.
Pilpintuwasi y Chavita, cumplen un papel fundamental en la protección de la fauna silvestre. Gracias a su labor, animales como el otorongo y el oso hormiguero tienen una segunda oportunidad de vivir en condiciones adecuadas y, en algunos casos, regresar a su hábitat natural. Estos centros no solo brindan atención veterinaria y rehabilitación a especies víctimas del tráfico ilegal, sino que también promueven la educación ambiental y la sensibilización de la población sobre la importancia de conservar la biodiversidad.




