Una flor demuestra que la fuerza de voluntad se sobrepone a la adversidad

Nota de prensa
Flor de María Arequipeño, trabajadora del Ministerio de Educación, es ejemplo de resiliencia, vocación de servicio y desarrollo del talento deportivo
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Fotos: Oficina de Prensa

Oficina de Prensa

16 de febrero de 2026 - 10:36 a. m.

Por los pasillos de la sede central del Ministerio de Educación (Minedu), donde a diario confluyen cientos de servidores públicos, camina con alguna dificultad una mujer cuya trayectoria personal y profesional es un verdadero ejemplo de resiliencia, vocación de servicio y desarrollo del talento deportivo, y que ha logrado sobreponerse a la discapacidad que la acompaña desde la infancia.


Flor de María Arequipeño Vásquez, una joven psicóloga que lleva casi una década en el sector público, se desempeña como coordinadora de Gestión del Rendimiento en la oficina de Recursos Humanos del Minedu, y en sus horas libres se dedica a mejorar su técnica como integrante de la selección nacional de parabádminton.


Nacida en Chiclayo, Lambayeque, su infancia transcurría entre juguetes y cuadernos hasta que un accidente cambió su vida para siempre. Tenía apenas nueve años cuando, en una tarde de verano del año 2000, un camión frigorífico la impactó contra el pavimento, dejándola al borde de la muerte.


El diagnóstico no era alentador. Mientras luchaba por su vida en la unidad de cuidados intensivos, los médicos la desahuciaron, porque las tomografías revelaron fracturas múltiples en la cadera que comprometían varios órganos vitales. Sin embargo, la vida le daría otra oportunidad y, contra todos los pronósticos de la ciencia médica, ella despertó milagrosamente después de un mes en coma profundo.


Desde entonces, comenzó un proceso largo y doloroso de rehabilitación que se extendió por varios años. Las sillas de ruedas, las muletas y los bastones se convirtieron en compañeros permanentes de su camino, mientras nacía en ella una fortaleza interior que sería clave para enfrentar los desafíos de su nueva vida.


Al terminar la secundaria, Flor ingresó a la universidad para estudiar Biología, pero, luego de tres años, comprendió que esa no era su verdadera vocación. Escuchando su voz interior, decidió migrar a Lima para estudiar Psicología. En la capital tuvo que enfrentar carencias económicas y aprendió a valorar cada moneda que ganaba con la venta de libros.


“Dejé todo en Chiclayo y me vine a Lima, incluso en contra de la voluntad de mi madre. Aquí tuve que redoblar esfuerzos debido a mi condición de discapacidad. Cada día era un reto, pero, a pesar de todo, no me rendí. Ahora sé que todo el esfuerzo valió la pena y que cada obstáculo superado servía para un propósito”, señala.


En paralelo a su formación académica, el deporte apareció como un espacio de libertad y reafirmación personal. El parabádminton se convirtió en su pasión y en un compromiso de alto rendimiento. Su práctica sacrificada y constante, y su tenacidad para sobreponerse a la adversidad, la llevaron a ganar torneos regionales, nacionales y a representar al Perú en tres campeonatos mundiales de parabádminton como integrante de la selección nacional.


A lo largo de su carrera deportiva ha cosechado medallas de oro, plata y bronce, y hoy continúa preparándose para el próximo Mundial de Bádminton, que se realizará este año en Baréin, en el Medio Oriente.


Su historia deportiva no es solo una suma de medallas o clasificaciones, es también un acto de resistencia frente al dolor físico y una afirmación constante de que la discapacidad no define los límites de una persona. Para Flor, cada competencia y su labor en el sector público son una victoria contra el miedo y el cansancio, y un mensaje de inclusión y perseverancia.