Rastrojo de maíz impulsa el cultivo de hongos comestibles en San Martín
Nota de prensaUn estudio del IIAP mostró que el uso de este sustrato logró una producción de 1 384 gramos de hongos frescos por cada kilo de material utilizado, con una rentabilidad de hasta 60 % aproximadamente.



Fotos: Imagen Institucional
12 de enero de 2026 - 9:49 a. m.
El cultivo de hongos comestibles del género Pleurotus, conocidos como hongo ostra, callampas, hongo de palo, etc., se consolida como una alternativa sostenible para aprovechar residuos agrícolas. Un estudio del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), entidad del Ministerio del Ambiente, identificó al rastrojo de maíz como el mejor sustrato para su producción en el departamento de San Martín, debido a su alto rendimiento y valor nutricional.
La investigación, que se desarrolló durante tres meses, evaluó el crecimiento del hongo gris (Pleurotus ostreatus) y del hongo rosado (Pleurotus djamor) en dos tipos de residuos agrícolas: rastrojo de maíz y aserrín de yanabara, proveniente de una especie forestal local. Los resultados mostraron un mayor rendimiento del hongo gris (Pleurotus ostreatus) en el rastrojo de maíz.
Con este sustrato se logró una producción de 1 384 gramos de hongos frescos por cada kilo de material utilizado. En cambio, el aserrín de yanabara presentó un rendimiento menor. Además, los hongos cultivados en rastrojo de maíz mostraron un buen perfil nutricional, con 31,7 % de proteínas y 25,2 % de fibra.
El rastrojo de maíz está formado por los residuos que quedan luego de la cosecha del grano. Incluye hojas, tallos y brácteas. Aunque no tiene un valor comercial directo, cumple un rol importante en el manejo del suelo y, como evidencia este estudio, en la producción de alimentos.
Los resultados confirman que el rastrojo de maíz es un sustrato eficiente para el cultivo de hongos comestibles y refuerzan su potencial en la Amazonía peruana. La rentabilidad aproximada alcanza el 60 por ciento, ya que se emplean desechos orgánicos disponibles en las chacras, con costos mínimos asociados principalmente al transporte, preparación del sustrato, siembra y monitoreo del cultivo.
Esta práctica permite transformar residuos agrícolas en alimentos saludables, bajo un enfoque de economía circular y cuidado del medioambiente.


