El último tejedor de paja toquilla de Pedregal

Nota de Prensa
• Manuel Sacramento Juárez Villegas. Sombrerero y usuario de Pensión 65 de Catacaos, Piura.

Unidad de Comunicación e Imagen

21 de enero de 2022 - 4:06 p. m.

Manuel nació en 1933 y fue testigo de los últimos años del boom del sombrero cataquense, cuando esta prenda era demandada en los principales mercados de América del Sur y el Caribe. Hoy es el último de un linaje de magníficos sombrereros en Pedregal Chico, distrito de Catacaos, Piura, y sigue tejiendo sobre un costalillo, en busca de las hebras más finas y los mejores acabados.
 

Manuel aprendió a tejer a los diez años, “mi padre me enseñó con mucha paciencia”, comenta, y es uno de los pocos varones tejedores que quedan en los caseríos de Catacaos; y el único en el centro poblado Pedregal Chico, distrito de Catacaos, Piura. Él teje sobre un saquito que pone sobre el suelo, y cuenta que se especializó en el tejido “fino”; es decir, el que elabora los sombreros con las fibras más delgadas con la finalidad de darle mayor suavidad y maleabilidad a la prenda. 

Su avanzada edad ya no le permite darles el acabado a los sombreros de la misma manera que lo hacía en su juventud, pero recuerda con mucho orgullo que siempre ganaba los concursos distritales y provinciales que medían esta habilidad. “Una de las pruebas que demostraban que el tejido era verdaderamente fino consistía en echar clara de huevo sobre el entramado. Si pasaba una sola gota, ya no era fino fino. ¡En los míos nunca pasaba ninguna!”, recuerda Manuel, con una amplia sonrisa.

Manuel y toda su destreza para la fabricación de sombreros de paja toquilla.

Nació en 1933, por lo cual fue testigo del “boom del sombrero” que se vivió en Piura entre 1930 y 1950, el cual permitió la prosperidad de muchos empresarios como, por ejemplo, Dionisio Romero, patriarca del grupo empresarial que hoy lleva su apellido. Manuel recuerda haberlo conocido, y haberle dado algunas clases de tejido.

“Mi padre me enseñó a trabajar desde muy joven, y me dijo que, cuando muriera, el hacer sombreros finos me daría rentabilidad; pues la calidad del sombrero fino, no la hace nadie”. Sin embargo, añade que hoy esta actividad ya no es tan lucrativa como solía serlo. Por eso agradece el apoyo de Pensión 65, que supone un ingreso importante para su manutención. Él es viudo y vive con su único hijo, su nuera y sus cinco nietos. Su otra hija ya falleció. 

Pese al paso del tiempo, y a que la habilidad ya no es la misma, Manuel continúa tejiendo sombreros. Él explica que el proceso comienza con la selección de la paja; a continuación se arma la copa durante cuatro días en el tejido fino, y tres en el grueso; prosigue con el hormado, el remate y, finalmente, el lavado. Se trata de una labor que, en total, demora 15 días; es decir, muchas horas de dedicación, las cuales lo ayudan a mantenerse activo y a que contribuir a la economía de su hogar. 

La historia de Manuel Sacramento Juárez Villegas fue recogida en el Libro “El Sombrero de Paja de Catacaos”, publicado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo en el 2013, junto a la de otros maestros como Catalino Mercedes y Román Martínez, quienes lamentablemente ya han fallecido. “Catacaos nunca debe perder su fama de ser cuna de magníficos tejedores y finos sombreros”, finaliza este guardián de la tradición cataquense.

Catacaos, 21 de enero de 2022

Esta noticia pertenece al compendio Historias Que Inspiran