El valiente de Carabayllo

Nota de Prensa
• Juan Aurelio Espejo Torres, carpintero y usuario de Pensión 65

Unidad de Comunicación e Imagen

7 de enero de 2022 - 6:12 p. m.

De espíritu inquebrantable, Juan Aurelio no se rindió ante el infortunio. Perdió una pierna tras un accidente de trabajo, sintió caer en un abismo, pero se repuso y ahora es uno de los vecinos más queridos y ejemplares de Carabayllo. Hoy hace bancos de madera y contagia fuerza, optimismo, buena vibra y coraje.

Juan Aurelio Espejo Torres perdió en el 2013 la pierna derecha, pero, increíblemente, jamás la sonrisa. Recuerda como una película cuando el médico dijo a quemarropa “¿el pie o la vida?” No había mucho que pensar, ya la infección había trepado y algo le decía que la mutilación sería mayor. Se encomendó al Señor de los Milagros, cuyo detente siempre luce en el pecho, cerquita del corazón, y se entregó a un destino impensado. Nunca imaginó que ese accidente laboral, en una obra de construcción en La Molina, marcaría un antes y un después en su vida.

Juan asume cada día con gran optimismo. Su discapacidad no le impide trabajar.

La diabetes, hasta entonces escondida, hizo maldades y el golpe mandó a la lona al optimista carpintero, pero no lo noqueó. Lo hizo llorar, sin embargo, no se hundió para siempre en la desesperanza. El vahído emocional le duró poco. La fe, el amor de su familia y su corajudo carácter lo reanimaron. Usuario de Pensión 65, el hombre valiente de Carabayllo avanza hoy en silla de ruedas hacia la sencilla felicidad del diario vivir. Porque él es así: testarudo para lo bueno.

Lejos de abandonarse en el limbo tortuoso de la tristeza, ahora Juan Aurelio hace lo que sabe. Trabaja la madera y se gana alguito creando vistosos banquitos, cercas y juguetes que parecen extraídos de un túnel ‘vintage’ del tiempo. Mente y manos ocupadas son, para él, sinónimo de equilibrio. La humilde casa que comparte con Isabel, su amor de toda la vida, es también su taller. Serrucha, cepilla y clava con una habilidad acumulada por años, esa que es el asombro de sus dos hijos, sus seis nietos y sus vecinos. No se siente menos y tampoco marginado. Se siente revitalizado.

Juguetes, banquitos y muchas otras cosas más de madera nacen de las manos de Juan.

“Sí, tengo discapacidad, pero en esta vida para todo hay solución, menos para la muerte. ¿Por qué digo eso? Porque, en verdad, una adversidad no debe ser obstáculo para continuar viviendo. Dios me da la fuerza necesaria para seguir adelante”, dice Juan Aurelio.

Sabe que el Cristo de Pachacamilla tuvo en uno de sus nietos un apoyo invaluable para sacarlo del pozo en el peor momento. “Lloraba, no comía, me adelgazaba, me consumía. Durante un mes, luego de la operación, estuve muy deprimido. Pero tuve la suerte, ¿cómo es Dios, no?, de que uno de mis nietecitos, de dos años en esa época, lloraba conmigo y me sacaba las lágrimas. Al verlo, me dije que no podía rendirme, que debía luchar por él y por mis otros nietos. Entonces, agarré, tuve la voluntad y a la adversidad le di la vuelta”, confiesa Juan Aurelio.

Promotores de Pensión 65 siempre visitan a Juan. Su esposa Isabel es su gran apoyo.

Hincha de Alianza Lima, ya no puede moverla en el césped como lo hacía de juvenil, en el puesto de volante de marca, vistiendo la casaquilla del Sport Boys en el estadio Telmo Carbajo del Callao. Pero su positivismo es más fuerte que su nostalgia, vive el fútbol con singular pasión –le encanta vestir una camiseta del Cienciano– y asegura que Perú irá a Qatar 2022. Además de pelotero, el hombre sabe de retos y de cuestas arriba. La blanquirroja va rumbo al Mundial, de hecho. Firmado por Juan Aurelio.

Lima, 7 de enero de 2022


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