El sol no se apaga en Ica

Nota de Prensa
Cleofé, Francisco, Grimaldina y Julia, recibieron el Bono 600 en sus casas en Ica. Y ahora viven el presente con nuevo impulso de alegría. Te contamos sus historias de retos, valentía y amor.

27 de febrero de 2021 - 12:00 a. m.

Cleofé

“Disculpen, ¿saben dónde vive el señor Inocencio Lima Pérez?”. Cleofé había viajado durante tres horas en la tolva de un camión de Huancavelica a Ica. Y ahora preguntaba por su hermano, caminando por calles empolvadas, agitando su bastón en las pistas de tierra. Cleofé había perdido la vista a los ocho años, a causa de la viruela, estaba en la mitad de su vida, cuando murió su madre y se quedó totalmente solo.

“Yo me casé a los 22 años con Inocencio, su hermano, y desde entonces lo cuidamos. Vivíamos al lado de su casa, en Huancavelica. Pero nos mudamos a Ica, y años más tarde él nos buscó”, dice Nélida Huamán, cuñada de Cleofé, y añade: “Cleofé me ayudó a criar a mis hijos, les tocaba la quena para entretenerlos, jugaba con ellos… También sabía trenzar el cuero, y hacia correas para ganar algo de platita”.

Cleofé Lima Pérez (95) no ve desde niño y ahora tampoco oye y casi no habla. Recibió al ‘carrito pagador’ sentado a la entrada de su casa, en Pachacútec, en Ica.
Francisco

“Hace más de un mes me provocaba comprar frutas, pero no tenía plata…”, dice Francisco Uchuya Mendoza, en su casa de adobe, en el distrito de La Tinguiña, en Ica. Tiene 89 años, y con una extraordinaria lucidez, recuerda cuando trabajaba vendiendo fruta, “¡en todas las calles de Ica!”, manejando un triciclo con alegría y libertad. Hoy, las rodillas no le responden, pero no pierde la sonrisa; tampoco las ganas de sentirse independiente. Una cuñada lo cuida de vez en cuando. Francisco recibió el Bono 600 y la subvención de Pensión 65 en su casa. “Me da mucha alegría porque ahora ya no molestaré a nadie; puedo comprar, con mi plata, arroz, fideos, azúcar… Y por supuesto, fruta, ¡mucha fruta!”.
Grimaldina

Grimaldina Quispe Román se casó a los 38 años. Todas las mujeres de su edad ya se habían casado en la comunidad donde vivía en las alturas de Pataypampa, Apurímac, y ella había perdido las esperanzas de formar una familia. Pero la vida da giros inesperados; su prima falleció, y un tiempo después, Grimaldina y el hombre viudo, Patricio Huilca, se enamoraron. “En Apurímac, de niña, aprendí a trabajar la tierra de la mano de mis padres”, recuerda Cirila Huilca Quispe, hija de Grimaldina y Patricio, y agrega: “Cuando murió mi padre, hace 25 años, yo me hice cargo de mi madre; vinimos a Ica porque sabía que aquí yo conseguiría trabajo en el campo”. Hoy, Grimaldina tiene 91 años, y dice que con el Bono de 600 soles que recibió en su casa, su hija le comprará queso, mote y otros alimentos que le gustaban de niña.
Julia

“¡Tía Julita, tía Julita!”, le decían en el mercado donde trabajaba vendiendo frutas; también la querían mucho en los hogares donde hacía labores de limpieza; y en la tienda donde compraba abarrotes; ahí, en esa tienda se enamoró del señor atrás del mostrador, Teodomiro. Y se casaron. “Íbamos a pasear a la Huacachina, criábamos pavos, conejos, eso comíamos…”, recuerda Julia Loayza de Orellana, con casi ochenta años a cuestas. Teodomiro sufre de hemiplejia, y desde hace diez años Julia se ocupa de él. Al recibir el Bono de 600 soles en su casa, la iqueña confesó sentirse feliz después de mucho tiempo.