“Perú destaca como el ecosistema de emprendimiento e innovación con más rápido crecimiento”
Nota InformativaAsí lo sostuvo el experto mexicano del Tecnológico de Monterrey (México), Rafael Lorenzo Piñón, quien destacó que nuestro país tenga una de tasa de actividad emprendedora en el mundo

9 de mayo de 2026 - 10:00 a. m.
El Perú se consolidó como uno de los ecosistemas de emprendimiento e innovación con mayor crecimiento en el 2025, de acuerdo con las cifras dadas por la plataforma especializada Startup Blink.
Este importante avance ha sido impulsado por el ministerio de la Producción (PRODUCE), a través del programa ProInnóvate, cuyo papel clave ha permitido gestionar la articulación entre actores estratégicos del ecosistema como son incubadoras, aceleradoras, inversionistas y cooperantes internacionales, según refirió.
En esta entrevista con ProInnóvate, el director nacional de Experiencias del Instituto Eugenio Garza Lagüera del Tecnológico de Monterrey (México), Rafael Lorenzo Piñón, analiza las acciones estratégicas que se vienen aplicando desde PRODUCE y el perfil del emprendedor peruano.
¿Cuáles son los países en la región con los ecosistemas más fortalecidos en la región?
En Latinoamérica, Brasil lidera la región seguido por México, Colombia, Chile y Argentina en términos de volumen de startups e inversión. En sexto lugar, el ecosistema peruano ha mostrado un rápido crecimiento en número de startups (20.2%) de acuerdo con StartupBlink, siendo además reconocido por esa misma fuente como el ecosistema de más rápido crecimiento entre los países de nivel medio en LATAM en 2025, lo que significa que no solo hay potencial, hay momentum comprobado. Sin embargo, lo que distingue a los ecosistemas líderes no solo es el volumen de startups, sino la calidad sistémica de su soporte: la colaboración entre el sector privado, gobierno, universidades, emprendedores e inversionistas.
¿Cómo evalúa la intervención del Estado, a través de PRODUCE y ProInnóvate, en este ecosistema de emprendimiento?
Perú ha venido construyendo esa arquitectura de soporte desde varios frentes simultáneos. PRODUCE y ProInnóvate han impulsado el fortalecimiento de incubadoras universitarias a nivel nacional y la descentralización del ecosistema hacia regiones. COFIDE ha aportado instrumentos de financiamiento para etapas tempranas. Las universidades, por ley, deben fomentar y apoyar el emprendimiento de sus estudiantes. Y desde el lado privado, la PECAP (Asociación Peruana de Capital Semilla y Emprendedor) actúa como el gremio que representa a los inversionistas de capital emprendedor del país, promoviendo buenas prácticas, generando información de mercado e impulsando iniciativas de política pública en materia de capital emprendedor.
¿Qué balance presenta hoy el desempeño de las incubadoras y sobre qué estrategias o ejes se debe priorizar para lograr niveles de competitividad internacional?
Desde el trabajo directo con 22 incubadoras a lo largo del país, hay un compromiso institucional genuino y vocación de servicio, aunque persisten brechas que están relacionadas con su nivel de madurez. Un fenómeno relevante es que en años recientes ha surgido un número considerable de incubadoras regionales, muchas universitarias impulsadas por el mandato de fomentar el emprendimiento y en parte por los concursos de ProInnóvate. Eso es positivo en términos de cobertura territorial, pero trae consigo un reto, muchas nacen sin capacidades de gestión consolidadas, operan con equipos de tiempo parcial y no tienen aún claridad sobre su modelo de sostenibilidad. Los ejes que deben priorizarse: profesionalización de los equipos gestores, especialización sectorial alineada al territorio, métricas de impacto reales más allá del número de startups incubadas, y construcción de puentes con capital público y privado.
¿Cuáles son los desafíos específicos que deberían identificar para luego fortalecer su impacto en las regiones?
Desde la perspectiva de las propias incubadoras, el balance del programa no se mide solo en contenidos adquiridos sino en claridad estratégica ganada. Los gestores participantes identificaron con precisión los ejes que más trabajo les demandan: construir modelos de incubación sostenibles, desarrollar capacidad de articulación entre talento, academia y sector productivo, y transitar de la intuición a la evidencia como base para la toma de decisiones. Varios equipos señalaron explícitamente que el valor de una incubadora no está en sus procesos internos sino en su capacidad de conectar con redes, con aliados, con el sector productivo regional. Al mismo tiempo, reconocieron que las brechas más difíciles no son técnicas sino de contexto: acceso a redes, confianza institucional y visibilidad en ecosistemas más allá de Lima. El consenso al cierre fue elocuente: las incubadoras regresan a sus regiones no con más información sino con una dirección y el reto de ejecutar para ganar en capacidad.
¿Podría darnos un breve análisis del perfil del emprendedor peruano?
Perú tiene una de las tasas de actividad emprendedora más altas del mundo, ocupando el tercer lugar global según el Monitor Global de Emprendimiento (GEM, según sus siglas en inglés). Pero hay que distinguir: alta cantidad no equivale a alto impacto. Una parte importante sigue siendo emprendimiento por necesidad o supervivencia.
Pero también tiene un alto potencial…
Lo que sí resulta notable del emprendedor peruano, desde nuestra experiencia, es su consistencia: son emprendedores con crecimiento orgánico sostenido y con potencial real tanto de escala como de impacto. La tensión principal no está en la capacidad sino en la ambición en general, son poco conscientes de su propio potencial. El trabajo de acompañamiento ha sido precisamente ese, ayudarlos a realizar ese crecimiento posible, especialmente en términos de visión de largo plazo y acceso a capital.
A eso se suma una fortaleza estructural que los datos confirman, su conexión genuina con el territorio. El emprendedor peruano entiende el problema desde adentro, lo que en sectores como agrotech, bioeconomía o logística regional se convierte en una ventaja competitiva real. Y hay una señal de madurez que vale la pena destacar, cada vez vemos más startups, emprendedoras y emprendedores peruanos yendo y operando en otros países, y al mismo tiempo estamos viendo startups de otros países viniendo a Perú. Ese flujo en ambas direcciones es quizás el indicador más elocuente de que el ecosistema ha dado un salto cualitativo.
La incubación o aceleración de emprendimientos en América Latina. ¿qué panorama tienen hoy?
El ecosistema latinoamericano ha madurado notablemente en la última década, aunque de forma desigual. Desde un pico histórico de inversión de venture capital en 2021 por más de USD $15,000 millones de dólares en la región, pasando por una corrección en los años 2022-2024 llegando a USD $4,500 millones en 2024.
En el 2025 se observa una recuperación con inversiones cercanas a USD $6,000 millones, aunque en menos rondas y tickets más altos. El cuello de botella sigue siendo el mismo: generar ideas no es el problema, escalarlas sí.
¿Hay ejemplos?
De acuerdo con la red regional de Incubadoras LAT que reúne a más de 260 incubadoras/aceleradoras de Latam, la gran mayoría opera en la etapa de ideación e incubación y apenas un porcentaje menor trabaja en aceleración y escalamiento.
Un fenómeno relevante de los últimos años es la diversificación del ecosistema de soporte y el surgimiento de una generación de programas regionales ligeros, especializados por sector o territorio, equity-free y remotos o híbridos como Emprendelatam, Latitud, AceleraLatam, y en el caso del Tecnológico de Monterrey, el programa CATAL1.5°T —una aceleración de emprendimientos climáticos desarrollada en alianza con GIZ— representa precisamente este nuevo modelo: especializado, con vocación de impacto y alcance regional.
Este importante avance ha sido impulsado por el ministerio de la Producción (PRODUCE), a través del programa ProInnóvate, cuyo papel clave ha permitido gestionar la articulación entre actores estratégicos del ecosistema como son incubadoras, aceleradoras, inversionistas y cooperantes internacionales, según refirió.
En esta entrevista con ProInnóvate, el director nacional de Experiencias del Instituto Eugenio Garza Lagüera del Tecnológico de Monterrey (México), Rafael Lorenzo Piñón, analiza las acciones estratégicas que se vienen aplicando desde PRODUCE y el perfil del emprendedor peruano.
¿Cuáles son los países en la región con los ecosistemas más fortalecidos en la región?
En Latinoamérica, Brasil lidera la región seguido por México, Colombia, Chile y Argentina en términos de volumen de startups e inversión. En sexto lugar, el ecosistema peruano ha mostrado un rápido crecimiento en número de startups (20.2%) de acuerdo con StartupBlink, siendo además reconocido por esa misma fuente como el ecosistema de más rápido crecimiento entre los países de nivel medio en LATAM en 2025, lo que significa que no solo hay potencial, hay momentum comprobado. Sin embargo, lo que distingue a los ecosistemas líderes no solo es el volumen de startups, sino la calidad sistémica de su soporte: la colaboración entre el sector privado, gobierno, universidades, emprendedores e inversionistas.
¿Cómo evalúa la intervención del Estado, a través de PRODUCE y ProInnóvate, en este ecosistema de emprendimiento?
Perú ha venido construyendo esa arquitectura de soporte desde varios frentes simultáneos. PRODUCE y ProInnóvate han impulsado el fortalecimiento de incubadoras universitarias a nivel nacional y la descentralización del ecosistema hacia regiones. COFIDE ha aportado instrumentos de financiamiento para etapas tempranas. Las universidades, por ley, deben fomentar y apoyar el emprendimiento de sus estudiantes. Y desde el lado privado, la PECAP (Asociación Peruana de Capital Semilla y Emprendedor) actúa como el gremio que representa a los inversionistas de capital emprendedor del país, promoviendo buenas prácticas, generando información de mercado e impulsando iniciativas de política pública en materia de capital emprendedor.
¿Qué balance presenta hoy el desempeño de las incubadoras y sobre qué estrategias o ejes se debe priorizar para lograr niveles de competitividad internacional?
Desde el trabajo directo con 22 incubadoras a lo largo del país, hay un compromiso institucional genuino y vocación de servicio, aunque persisten brechas que están relacionadas con su nivel de madurez. Un fenómeno relevante es que en años recientes ha surgido un número considerable de incubadoras regionales, muchas universitarias impulsadas por el mandato de fomentar el emprendimiento y en parte por los concursos de ProInnóvate. Eso es positivo en términos de cobertura territorial, pero trae consigo un reto, muchas nacen sin capacidades de gestión consolidadas, operan con equipos de tiempo parcial y no tienen aún claridad sobre su modelo de sostenibilidad. Los ejes que deben priorizarse: profesionalización de los equipos gestores, especialización sectorial alineada al territorio, métricas de impacto reales más allá del número de startups incubadas, y construcción de puentes con capital público y privado.
¿Cuáles son los desafíos específicos que deberían identificar para luego fortalecer su impacto en las regiones?
Desde la perspectiva de las propias incubadoras, el balance del programa no se mide solo en contenidos adquiridos sino en claridad estratégica ganada. Los gestores participantes identificaron con precisión los ejes que más trabajo les demandan: construir modelos de incubación sostenibles, desarrollar capacidad de articulación entre talento, academia y sector productivo, y transitar de la intuición a la evidencia como base para la toma de decisiones. Varios equipos señalaron explícitamente que el valor de una incubadora no está en sus procesos internos sino en su capacidad de conectar con redes, con aliados, con el sector productivo regional. Al mismo tiempo, reconocieron que las brechas más difíciles no son técnicas sino de contexto: acceso a redes, confianza institucional y visibilidad en ecosistemas más allá de Lima. El consenso al cierre fue elocuente: las incubadoras regresan a sus regiones no con más información sino con una dirección y el reto de ejecutar para ganar en capacidad.
¿Podría darnos un breve análisis del perfil del emprendedor peruano?
Perú tiene una de las tasas de actividad emprendedora más altas del mundo, ocupando el tercer lugar global según el Monitor Global de Emprendimiento (GEM, según sus siglas en inglés). Pero hay que distinguir: alta cantidad no equivale a alto impacto. Una parte importante sigue siendo emprendimiento por necesidad o supervivencia.
Pero también tiene un alto potencial…
Lo que sí resulta notable del emprendedor peruano, desde nuestra experiencia, es su consistencia: son emprendedores con crecimiento orgánico sostenido y con potencial real tanto de escala como de impacto. La tensión principal no está en la capacidad sino en la ambición en general, son poco conscientes de su propio potencial. El trabajo de acompañamiento ha sido precisamente ese, ayudarlos a realizar ese crecimiento posible, especialmente en términos de visión de largo plazo y acceso a capital.
A eso se suma una fortaleza estructural que los datos confirman, su conexión genuina con el territorio. El emprendedor peruano entiende el problema desde adentro, lo que en sectores como agrotech, bioeconomía o logística regional se convierte en una ventaja competitiva real. Y hay una señal de madurez que vale la pena destacar, cada vez vemos más startups, emprendedoras y emprendedores peruanos yendo y operando en otros países, y al mismo tiempo estamos viendo startups de otros países viniendo a Perú. Ese flujo en ambas direcciones es quizás el indicador más elocuente de que el ecosistema ha dado un salto cualitativo.
La incubación o aceleración de emprendimientos en América Latina. ¿qué panorama tienen hoy?
El ecosistema latinoamericano ha madurado notablemente en la última década, aunque de forma desigual. Desde un pico histórico de inversión de venture capital en 2021 por más de USD $15,000 millones de dólares en la región, pasando por una corrección en los años 2022-2024 llegando a USD $4,500 millones en 2024.
En el 2025 se observa una recuperación con inversiones cercanas a USD $6,000 millones, aunque en menos rondas y tickets más altos. El cuello de botella sigue siendo el mismo: generar ideas no es el problema, escalarlas sí.
¿Hay ejemplos?
De acuerdo con la red regional de Incubadoras LAT que reúne a más de 260 incubadoras/aceleradoras de Latam, la gran mayoría opera en la etapa de ideación e incubación y apenas un porcentaje menor trabaja en aceleración y escalamiento.
Un fenómeno relevante de los últimos años es la diversificación del ecosistema de soporte y el surgimiento de una generación de programas regionales ligeros, especializados por sector o territorio, equity-free y remotos o híbridos como Emprendelatam, Latitud, AceleraLatam, y en el caso del Tecnológico de Monterrey, el programa CATAL1.5°T —una aceleración de emprendimientos climáticos desarrollada en alianza con GIZ— representa precisamente este nuevo modelo: especializado, con vocación de impacto y alcance regional.
DATOS:
El experto mexicano llegó a Lima junto a su equipo técnico para impartir un intenso programa de capacitación a 22 incubadoras emergentes que busca fortalecer este sector y cerrar brechas de capacidades entre incubadoras emergentes y consolidadas.