Comunidad nativa Bélgica: una apuesta constante por la legalidad y el manejo responsable del bosque

Crónica
Entre la vigilancia de su territorio y el manejo responsable de sus recursos, la comunidad logró convertir el bosque en una fuente de desarrollo sostenible.
Archivo JPGE de Comunidad nativa Bélgica: una apuesta constante por la legalidad y el manejo responsable del bosque
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2 de junio de 2026 - 5:02 p. m.

En medio de la Amazonía de Madre de Dios, donde el bosque marca el ritmo de la vida y el río Acre conecta historias, territorios y generaciones, se encuentra la comunidad nativa Bélgica, hogar del pueblo amazónico yine, una comunidad que aprendió a convertir el manejo responsable de sus bosques en una oportunidad para crecer sin perder su identidad.

Esta comunidad, conformada por más de 140 habitantes distribuidos en 44 familias, convive diariamente con uno de los ecosistemas más biodiversos del país. Sus bosques no solo albergan especies forestales de gran valor y una inmensa riqueza biológica; también representan el sustento, la historia y el futuro de quienes habitan este territorio amazónico cercano a la frontera con Brasil.

La comunidad nativa Bélgica se ha convertido en ejemplo de constancia y compromiso con el manejo sostenible del bosque. Desde 2015, ha mantenido la calificación de “muy bueno” en el reporte de comportamiento del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR), gracias a la implementación prácticas sostenibles y el cumplimiento de sus obligaciones. Este trabajo responsable, planificado y documentado fue reconocido en 2025 con una constancia de cumplimiento de obligaciones.

Hoy, la comunidad está posicionada como un referente del aprovechamiento sostenible ante el Perú y el mundo. Desde la Amazonía peruana resuena Bélgica, no la de Europa, sino la de América. “La comunidad lleva el nombre Bélgica desde la época del auge del caucho”, cuenta Arturo Aspajo López, vicepresidente de la comunidad. Según relata, por esta zona fronteriza con Bolivia y Brasil transitaban empresas caucheras extranjeras y hacendados provenientes de Bélgica, quienes comenzaron a identificar este territorio con el nombre del país europeo. Con el paso de los años, la denominación permaneció entre los pobladores hasta ser reconocida oficialmente por el Estado peruano en 1992.

Riqueza forestal bajo cuidado comunitario

En sus bosques crecen especies forestales como azúcar huayo, caoba, cedro, copaiba, huayruro, mashonaste, pashaco, moena, manchinga, shihuahuaco y shiringa, recursos que durante generaciones han sostenido la vida del pueblo yine. Sin embargo, esa abundancia también atrajo a personas externas que ingresaban al territorio comunal para extraer madera, lo que ponía en riesgo su territorio, su historia, su identidad y su futuro.

Frente a ello, la comunidad decidió organizarse y fortalecer la vigilancia de sus bosques. Con el apoyo de su comité de vigilancia de bosque y el acompañamiento de su regente forestal, impulsaron reuniones binacionales con comunidades vecinas de Brasil para promover el respeto de los límites territoriales y generar conciencia sobre el aprovechamiento responsable de los recursos.

“Cuidar el bosque es cuidar el futuro de nuestros hijos. Antes desconocíamos muchas cosas sobre el manejo forestal, pero con esfuerzo y aprendizaje hemos logrado mejorar en el manejo de nuestros recursos”, menciona Arturo Aspajo López.

Resultados que nacen del compromiso comunal
En 2011, la comunidad nativa Bélgica alcanzó uno de los hitos más importantes en el cuidado de sus bosques al obtener la certificación del Forest Stewardship Council (FSC), organización internacional que promueve una gestión forestal ambientalmente responsable, socialmente beneficiosa y económicamente viable. Más de una década después, la comunidad mantiene vigente esta acreditación en más de 50 mil hectáreas de bosque comunal. En 2012, Bélgica reforzó la protección de su territorio con la creación del comité de bosque, integrado por seis comuneros encargados de velar por sus recursos forestales. Desde entonces, la comunidad participa en labores de monitoreo y control forestal y fortalece sus capacidades a través de capacitaciones y acompañamiento técnico de entidades vinculadas al sector.

Hoy, Bélgica tiene un contrato formal con una empresa para el aprovechamiento responsable de madera, bajo estricta vigilancia comunal y el cumplimiento de las obligaciones forestales que garantizan la protección del bosque. Este esfuerzo colectivo empezó a reflejarse en cambios concretos para la comunidad. Los ingresos obtenidos han permitido fortalecer su desarrollo. Ahora cuenta con un centro educativo para los niveles inicial y primaria, una posta de salud, un local comunal y mejores condiciones para las familias. Además, la comunidad impulsa otras actividades sostenibles que dinamizan su economía, como la piscicultura, el turismo vivencial y la artesanía elaborada con recursos del bosque.

Para Demetrio Enrique Pacheco, regente forestal que acompaña a la comunidad, uno de los mayores logros ha sido crear conciencia sobre la importancia de conservar el territorio. “El manejo forestal sostenible no solo protege los recursos del bosque; también ayuda a mejorar la calidad de vida de las familias y a preservar la cultura de la comunidad”, explica.

En Bélgica, el bosque ya no es visto únicamente como una fuente de recursos, sino como una oportunidad para construir futuro sin destruir aquello que durante generaciones ha dado vida e identidad al pueblo yine.