Taricaya: el centro de rescate que rehabilita animales silvestres para darles una segunda oportunidad
CrónicaMás de 100 especímenes rescatados del tráfico ilegal y la caza furtiva avanzan en un proceso que busca devolverlos a su hábitat natural en el departamento de Madre de Dios.





23 de marzo de 2026 - 2:21 p. m.
El río Madre de Dios marca el camino. Tras una hora de viaje en bote desde la ciudad de Puerto Maldonado, el sonido del motor se mezcla con el canto de aves y el murmullo constante del bosque amazónico. Allí, entre árboles altos y vegetación densa, aparece la Reserva Ecológica Taricaya, una concesión para ecoturismo que alberga al centro de rescate Taricaya, un espacio dedicado a la rehabilitación y cuidado de más de 100 animales silvestres rescatados del tráfico ilegal y la caza furtiva.
Fundado en 2001, el centro de rescate Taricaya se ha consolidado como un espacio donde los especímenes reciben atención especializada para su recuperación, con miras a su retorno al hábitat natural. Además, desarrolla programas de investigación, educación ambiental y voluntariado, y realiza liberaciones autorizadas en las más de 476 hectáreas de bosque que conforman la concesión para ecoturismo, reconocida en 2025 como Otra Medida Efectiva de Conservación Basada en Áreas (OMEC) por su aporte a la conservación de la biodiversidad.
Muchos de los animales que llegan a Taricaya provienen de operativos de rescate realizados por las autoridades o de entregas voluntarias de personas que comprenden que la fauna silvestre no debe mantenerse como mascota. En este centro, cada ejemplar inicia un proceso de recuperación. “Cuando ingresan, evaluamos su estado de salud e iniciamos un proceso que incluye atención veterinaria, alimentación adecuada y monitoreo constante de su comportamiento y adaptación, con un solo objetivo: su rehabilitación y, de ser posible, su retorno al bosque”, explica Nubia Sánchez Paredes, médica veterinaria del centro de rescate Taricaya.
Un modelo de manejo que genera confianza
El trabajo que se desarrolla en Taricaya también ha sido reconocido por su manejo responsable de la fauna silvestre. En 2023, tras la supervisión del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR), el centro de rescate fue calificado con ocho estrellas en el Zoobservatorio del OSINFOR. Este resultado refleja su compromiso con la implementación del plan de manejo (alimentación, salud, seguridad de los recintos, bienestar animal, etc.) y el cumplimiento de sus obligaciones administrativas.
“Detrás de este reconocimiento hay un trabajo constante: revisiones veterinarias, dietas específicas para cada especie, recintos diseñados para estimular comportamientos naturales y un monitoreo permanente del estado de los animales. Más que una calificación, son prácticas que, día a día, buscan ofrecer a cada especie rescatada una verdadera oportunidad de recuperación”, dice Giancarlo Silva Tello, encargado de la Oficina Desconcentrada del OSINFOR en Puerto Maldonado.
Para Rachel Kilby, administradora de Taricaya, estos procesos han sido clave para fortalecer el trabajo que realizan día a día. “Las supervisiones nos permiten asegurar que estamos cumpliendo con estándares adecuados en el manejo y bienestar de la fauna silvestre, y también generan confianza en la población sobre el trabajo que hacemos”, señala.
El proceso de recuperación de un otorongo rescatado
Entre los animales que hoy se recuperan en Taricaya hay una historia que resume el impacto del tráfico ilegal de fauna silvestre en la Amazonía. Un joven otorongo (Panthera onca) llegó al centro en octubre de 2025, cuando tenía apenas seis meses de edad. Había perdido a su madre tras un episodio de caza ilegal en el bosque. Sin posibilidad de sobrevivir solo, el cachorro fue recogido por personas que, al comprender que no podía vivir como mascota, decidieron entregarlo voluntariamente al centro de rescate.
En Taricaya comenzó entonces su proceso de rehabilitación. Bajo el cuidado del equipo técnico del centro, el otorongo de nombre Balam recibió alimentación adecuada, atención veterinaria y un entorno que le permitió fortalecer nuevamente los comportamientos propios de su especie. Actualmente, se evalúa su traslado a un hábitat más amplio donde continuará su proceso de adaptación. “Si su desarrollo continúa de manera favorable, en el futuro podría regresar al bosque amazónico con un collar satelital que permitirá monitorear sus desplazamientos y conocer cómo se adapta nuevamente a la vida silvestre”, dice Nubia.
La historia del otorongo refleja la realidad que enfrentan muchas especies amazónicas víctimas del tráfico ilegal de fauna silvestre. En lugares como el centro de rescate Taricaya, estos animales encuentran una segunda oportunidad: inician un proceso paciente de recuperación que, en algunos casos, les permite regresar a la vida silvestre.




