Osinergmin informó sobre variación semanal de precios de referencia de combustibles a nivel mayorista

Nota de prensa
imagen

Fotos: Osinergmin

Osinergmin

20 de abril de 2026 - 2:41 p. m.

  • Los Precios de Referencia reflejan el comportamiento de los precios internacionales de los combustibles y son calculados a nivel de plantas mayoristas.
  • No es una regulación de precios, sino un indicador referencial sobre los niveles de precios ofertados en las plantas mayoristas con el objetivo de brindar transparencia al mercado de combustibles.

El Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería, Osinergmin, presentó su reporte semanal sobre los precios de referencia a nivel de plantas mayoristas para los gasoholes, gasolinas, gas licuado de petróleo (GLP), diésel y residuales, de acuerdo con el mandato legal.

La institución supervisora explicó que los precios de referencia reflejan el comportamiento de los precios internacionales de los combustibles en la Costa del Golfo de los Estados Unidos y son indicadores para los productores e importadores de hidrocarburos al elaborar su lista de precios a nivel mayorista. El objetivo de la publicación de Osinergmin es brindar transparencia al mercado de combustibles.

Osinergmin remarcó que este reporte de precios de referencia de combustibles no es una regulación de precios, ya que éstos se rigen por el libre mercado; en consecuencia, los agentes determinan libremente el precio de venta, los que a su vez podrían o no trasladarse a los consumidores finales en cada local de venta (GLP), grifo o estación de servicio.

Variación de los precios de referencia con respecto a la última semana

A continuación, se mencionan las variaciones de los Precios de Referencia de combustibles en comparación a lo reportado la semana anterior:

Los Precios de Referencia de las Gasolinas/Gasoholes Premium, Regular y de 84 octanos se redujeron en promedio 4,14%, 3,94% y 3,59%, respectivamente. Por su parte, los Precios de Referencia del Diésel B5 y de los Residuales se redujeron en promedio 6,50% y 4,20%, respectivamente. Por otro lado, los Precios de Referencia del Alcohol Carburante y del Biodiésel B100 se redujeron en 2,97% y 1,02%, respectivamente.
Finalmente, el Precio de Referencia de Importación del GLP se redujo 2,33% con relación a su precio de la semana anterior.


CAUSAS DE LA VARIACIÓN DE LOS PRECIOS DE REFERENCIA

Las variaciones registradas en los precios de referencia de los combustibles son consecuencia del comportamiento de los precios de los productos combustibles del mercado estadounidense (gasolinas, diésel, residuales, propano y butano) durante el período comprendido entre el 06 y el 17 de abril de 2026. Los principales factores que incidieron en la variación de los precios son los siguientes:

  • El incremento de los inventarios de propano, así como el descenso de las existencias de crudo, gasolinas y destilado medio, al 10 de abril del 2026
Los inventarios de petróleo de Estados Unidos se redujeron en 0,9 millones de barriles alcanzando los 463,8 millones de barriles, ubicándose en un +1% por encima de la media de los últimos 5 años, para esta época del año.
Por su parte, las existencias de gasolinas disminuyeron en 6,3 millones de barriles, reportando un total de 232,9 millones de barriles. Asimismo, los inventarios de destilados, que incluyen al diésel y al combustible para calefacción decrecieron en 3,1 millones de barriles, ubicándose en 111,6 millones de barriles.
Finalmente, las existencias de propano aumentaron en 0,30 millones de barriles, registrando un nivel de 77,90 millones de barriles.


  • EE.UU. e Irán pasaron del diálogo estancado a una confrontación abierta, y luego a una tregua frágil con presión y negociación aún en disputa
Durante las últimas semanas, el frente diplomático quedó claramente subordinado a la dinámica militar y conflicto abierto. Tras los contactos nucleares indirectos de Ginebra del 26 y 27 de febrero, que no produjeron avances, la ofensiva conjunta de EE.UU. e Israel iniciada el 28 de febrero rompió el frágil equilibrio previo y abrió una fase de confrontación abierta. En los días siguientes, Irán endureció su postura, el nuevo líder supremo Mojtaba Khamenei respaldó el cierre de Ormuz y Donald Trump elevó la presión con amenazas cada vez más directas, hasta pasar del lenguaje de advertencia a exigencias de “rendición incondicional”.
La escalada dio un salto importante el 13 de marzo, cuando Trump anunció ataques estadounidenses contra objetivos militares en Kharg, la isla que concentra cerca de 90% de las exportaciones petroleras de Irán. Se reportó que EE.UU. afirmó haber destruido blancos militares en la isla sin golpear directamente la infraestructura petrolera, aunque dejó explícita la amenaza de ampliar los ataques si Irán seguía interfiriendo en el Estrecho de Ormuz. Un día después, CENTCOM (Comando Central de EE.UU.) informó que las fuerzas estadounidenses habían atacado más de 90 objetivos militares en Kharg, manteniendo intactas las instalaciones petroleras. Aun así, la señal estratégica fue contundente, pues mostró que EE.UU. estaba dispuesto a escalar sobre el principal nodo exportador iraní para presionar un cambio en la postura.
En la tercera semana de marzo, la confrontación se volvió todavía más volátil. La campaña de EE.UU. e Israel contra Irán siguió golpeando objetivos estratégicos, mientras Trump evaluaba incluso la posibilidad de ocupar o bloquear la isla de Kharg para forzar la reapertura del estrecho de Ormuz. En respuesta, Irán endureció sus advertencias y dejó entrever que cualquier escalada adicional sobre su litoral, sus islas o su infraestructura energética podía derivar en un cierre más agresivo del Golfo, incluido el eventual empleo de minas marinas. Así, con corte al 20 de marzo, la crisis ya había pasado a una dinámica de coerción mutua sin una salida diplomática clara. Con posterioridad, Trump anunció una prórroga de cinco días para ataques contra infraestructura energética iraní y habló de contactos “productivos” con Teherán, aunque Irán negó negociaciones formales.
En la cuarta semana de marzo, la confrontación siguió siendo altamente volátil, aunque con una combinación más visible de coerción militar y pausas tácticas. El 23 de marzo, Trump anunció una pausa inicial en ataques contra plantas energéticas iraníes tras afirmar que existían conversaciones “muy buenas”, lo que provocó una fuerte corrección del mercado; sin embargo, Irán negó contactos formales y el alivio fue efímero. Luego, el 26 de marzo, EE.UU. amplió esa pausa por 10 días, hasta el 6 de abril, insistiendo en que las conversaciones avanzaban, aunque Teherán calificó la propuesta estadounidense como sesgada e injusta.
Ya en la semana del 30 de marzo, la crisis entró en una fase todavía más delicada, porque el mercado dejó de reaccionar a las señales verbales de Trump y pasó a asumir que la guerra podía prolongarse. Por primera vez en varias semanas, el presidente estadounidense perdió capacidad para calmar al mercado, mientras la continuidad de las amenazas contra Irán, la falta de avances diplomáticos verificables y la persistencia del riesgo sobre el estrecho de Ormuz reforzaron la percepción de una confrontación de mayor duración. En ese contexto, el crudo volvió a dispararse, la volatilidad se intensificó y el mercado empezó a considerar que ya no enfrentaba una perturbación transitoria, sino una crisis con capacidad real de extenderse en el tiempo y seguir alterando el equilibrio energético mundial.
Hacia fines de esa misma semana e inicios de abril, comenzaron a tomar forma nuevos intentos de alto el fuego impulsado por mediadores regionales, en particular Pakistán, que promovió un esquema de cese inmediato de hostilidades y una etapa posterior de negociación más amplia. Aunque Irán rechazó una tregua meramente temporal y exigió un arreglo más integral, esos contactos desembocaron días después en una tregua temporal entre EE.UU. e Irán, que provocó una fuerte corrección a la baja del precio de crudo entre el 8 y el 10 de abril; no obstante, el alivio fue incompleto, pues la reapertura operativa del sistema energético regional siguió siendo incierta y, aun después del anuncio, cerca de 187 tanqueros permanecían dentro del Golfo con unos 172 millones de barriles de crudo y refinados pendientes de evacuación.
Entre el 11 y 12 de abril, el proceso entró en una fase más compleja. EE.UU. e Irán sostuvieron en Islamabad la ronda más importante de conversaciones de alto nivel en décadas, pero el encuentro terminó sin acuerdo, pese a largas horas de negociación. Reuters informó que ambas partes dejaron abierta la puerta al diálogo, aunque persistieron desacuerdos profundos sobre el programa nuclear iraní, el alivio de sanciones y la seguridad marítima en el Golfo. Ese resultado dejó claro que la tregua había frenado momentáneamente la escalada, pero no había resuelto ninguno de los nudos estratégicos del conflicto.
A partir del 14 de abril, el conflicto entró en una fase especialmente delicada y ambigua. Por un lado, EE.UU. mantuvo la presión marítima y económica; por otro, empezaron a surgir nuevas señales de que podía reanudarse la negociación con mediación pakistaní. Luego, el 17 de abril, Irán anunció la reapertura temporal del Estrecho de Ormuz, decisión que reavivó las expectativas de conversaciones y provocó una nueva corrección a la baja del precio del petróleo. Sin embargo, Irán advirtió que podía volver a cerrar el paso si continuaba el bloqueo estadounidense sobre sus puertos, de modo que el alivio fue interpretado más como una tregua táctica que como una normalización real del sistema energético regional.
Así, el conflicto entre EE.UU. e Irán ha pasado de un diálogo estancado a una confrontación abierta, luego a una tregua frágil y, más recientemente, a una fase mixta de negociación incierta y mayor presión marítima. La secuencia más reciente muestra que todavía no existe una desescalada ordenada dado que las conversaciones siguen abiertas, pero sujetas a una lógica de presión mutua como reaperturas parciales del tránsito, interdicciones navales (interceptación o bloqueo de buques en el mar) y amenazas de hostigamiento (acciones de menor escala, como uso de lanchas rápidas, minas o ataques no convencionales). Mientras este equilibrio inestable no se resuelva, los sobrecostos por riesgo de conflicto seguirán siendo elevados y la disrupción sobre la logística del Golfo continuará siendo estructuralmente alta.

  • Ucrania atacó los puertos rusos de Ust-Luga y Primorsk, y en la última semana extendió la disrupción hacia Novorossiysk y Tuapse
A fines de marzo, Ust-Luga y Primorsk, los dos principales terminales petroleros rusos en el Báltico, suspendieron cargas tras ataques con drones que agencias internacionales calificaron entre los más severos de la guerra contra infraestructura petrolera rusa. El golpe fue especialmente sensible porque ambos puertos concentran una fracción crítica de las exportaciones rusas de crudo y combustibles, por lo que la interrupción elevó de inmediato el riesgo sobre la continuidad y estabilidad de los flujos marítimos del país.
El impacto no quedó limitado a una paralización puntual. En los días siguientes, Reuters informó que Primorsk reanudó operaciones, pero con capacidad reducida por daños en infraestructura, mientras imágenes satelitales mostraron que había perdido cerca de 40% de su capacidad de almacenamiento, con ocho tanques de 50 000 m³ afectados. En Ust-Luga, otros ocho tanques de 30 000 m³ quedaron dañados, equivalentes a alrededor de 25% de su capacidad de almacenamiento de productos. Así, la presión dejó de ser solo operativa y pasó a reflejar una afectación física más duradera sobre el sistema exportador ruso.
La disrupción luego se extendió al Mar Negro. El 7 de abril, el terminal Sheskharis de Novorossiysk suspendió parcialmente sus cargas tras un ataque con drones, afectando otro de los principales corredores de salida del crudo ruso. Aunque el 10 de abril comenzaron a reanudarse algunas operaciones, el alivio fue transitorio, pues el 13 de abril Reuters volvió a reportar daños severos en el mismo nodo, con paralización de dos de sus principales atraques, desvío de crudo hacia Tuapse y afectación sobre un puerto que maneja alrededor de 14% de las exportaciones rusas de crudo. La última semana, la presión volvió a ampliarse precisamente sobre Tuapse, donde un nuevo ataque ucraniano dañó infraestructura de transporte del puerto días después de otro ataque previo del 16 de abril; además, Reuters señaló que la refinería local de Rosneft, con capacidad de unos 240 mil bpd, había detenido operaciones. En ese contexto, el mercado pasó a interpretar los ataques ucranianos no como episodios aislados, sino como una amenaza sostenida y cada vez más diversificada sobre la estabilidad exportadora rusa en el Mar Negro.


  • La OPEP retomó en mayo sus aumentos graduales de cuotas de producción
Tras acordar el 1 de marzo una subida de 206 mil bpd para abril, los ocho países que venían aplicando recortes voluntarios adicionales ratificaron el 5 de abril un nuevo incremento de 206 mil bpd para mayo, dentro del desmonte paulatino del ajuste extraordinario de 1,65 millones bpd aprobado en 2023. La organización sostuvo que el retorno de esos barriles podrá ajustarse “parcial o totalmente” según evolucionen las condiciones del mercado, lo que dejó claro que no se trata de un levantamiento automático, sino de una reapertura gradual y condicionada.
En plena disrupción del Golfo Pérsico, con Ormuz todavía bajo fuerte presión, Reuters señaló que el aumento aprobado para mayo lucía más simbólico que efectivo, porque varios productores clave no estaban en condiciones de traducir de inmediato una mayor cuota en más barriles exportables. De hecho, la propia OPEP informó después que la producción del grupo se desplomó en marzo y recortó en 500 mil bpd su previsión de demanda mundial para el segundo trimestre, lo que reforzó la idea de que el aumento aprobado buscó sostener una señal de normalidad y disciplina, más que compensar realmente el shock de oferta que seguía afectando al mercado.


  • La AIE y OPEP recortaron sus previsiones y reforzaron la señal de una demanda petrolera más débil
La semana pasada, dos referencias del mercado petrolero ajustaron a la baja sus perspectivas y reforzaron la percepción de un balance más holgado del petróleo mundial para 2026. El 14 de abril, la AIE (Agencia Internacional de la Energía) redujo su superávit proyectado para 2026 a 410 mil bpd, desde 2,46 millones bpd el mes anterior, y además pasó de prever un crecimiento de la demanda a anticipar una contracción de 80 mil bpd este año, afectada por la guerra en Medio Oriente, el cierre del estrecho de Ormuz y el debilitamiento de la demanda en Asia y la propia región.
Un día antes, el 13 de abril, la OPEP también recortó su previsión de demanda mundial para el segundo trimestre de 2026 en 500 mil bpd, hasta 105,07 millones de bpd, frente a los 105,57 millones de bpd estimados previamente. Aunque el grupo mantuvo sin cambios su previsión de crecimiento para todo 2026 en 1,38 millones de bpd, el ajuste trimestral confirmó que, en el corto plazo, el mercado estaba sintiendo más el freno del consumo que el soporte de oferta. En conjunto, ambos recortes reforzaron el sesgo bajista del crudo al mostrar que, incluso en un entorno geopolítico extremo, la demanda no estaba respondiendo con la fuerza suficiente para sostener precios altos si no es con el apoyo de un evento geopolítico de riesgo elevado.


  • La crisis del Golfo Pérsico dejó de ser solo logística y golpeó directamente la oferta de crudo, GNL y refinados en Medio Oriente
En crudo, la crisis dejó de ser una simple restricción de tránsito y se convirtió en una pérdida efectiva de oferta. Agencias de noticias reportaron que la guerra y el bloqueo de Ormuz provocaron una caída cercana a 13% de la producción petrolera regional, mientras Irak, uno de los productores más expuestos por no contar con una ruta alternativa al estrecho, vio desplomarse su producción desde alrededor de 4,3 millones de bpd previos al conflicto hasta cerca de 800 a 900 mil bpd. Aunque Basra Oil (Empresa petrolera estatal iraquí) sostuvo luego que podría restaurar exportaciones cercanas a 3,4 millones de bpd en una semana si Ormuz reabre, aunque al inicio de abril el mercado seguía enfrentando una contracción real de oferta, no solo un retraso logístico.
En combustibles refinados, el shock se trasladó con aún mayor intensidad al mercado. Reuters informó que el deterioro de la oferta regional de crudo y las disrupciones en movimientos de tanqueros llevaron al jet fuel (aviación) en el noroeste de Europa a alrededor de US$ 220 por barril, mientras el diésel europeo superó US$ 200 por barril, niveles que reflejaron una pérdida simultánea de suministro y capacidad de reabastecimiento. Incluso después del alivio parcial más reciente, Reuters señaló que en Asia los precios de jet fuel, gasoil y gasolina seguían muy por encima de los niveles previos al conflicto, con importaciones regionales de crudo en abril estimadas en apenas 19,22 millones de bpd, muy por debajo del promedio de 25 millones de bpd de los tres meses anteriores.
En GNL, el golpe fue estructural. Se reportó que los ataques sobre Ras Laffan dejaron fuera de operación cerca de 17% de la capacidad exportadora de GNL de Catar, equivalente a 12,8 millones de toneladas anuales, con un horizonte de reparación estimado de tres a cinco años. Ya en abril, QatarEnergy empezó a preparar una reanudación parcial de producción, pero se advirtió que la recuperación plena seguía dependiendo de una reapertura segura de Ormuz, mientras importadores como India seguían enfrentando escasez y terminales subutilizadas. En otras palabras, el mercado dejó de ver al GNL del Golfo como un flujo confiable e inmediato y pasó a tratarlo como una oferta dañada y condicionada por la evolución militar.
En conjunto, la crisis del Golfo dejó de ser una perturbación de transporte para convertirse en un shock integral de oferta energética. La región pasó a perder simultáneamente crudo, refinados, GNL y capacidad exportadora, con daños físicos, restricciones operativas y una reapertura todavía incierta de su principal corredor marítimo. Por ello, hacia el cierre del período analizado, el mercado ya no enfrentaba solo una prima geopolítica: enfrentaba una contracción material de oferta en uno de los núcleos energéticos más sensibles del mundo, con efectos inmediatos sobre precios y con secuelas que podrían extenderse incluso si el tránsito por Ormuz empieza a normalizarse.