Osinergmin informó sobre variación semanal de precios de referencia de combustibles a nivel mayorista
Nota de prensa
13 de abril de 2026 - 10:30 a. m.
- Los Precios de Referencia reflejan el comportamiento de los precios internacionales de los combustibles y son calculados a nivel de plantas mayoristas.
- No es una regulación de precios, sino un indicador referencial sobre los niveles de precios ofertados en las plantas mayoristas con el objetivo de brindar transparencia al mercado de combustibles.
El Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería, Osinergmin, presentó su reporte semanal sobre los precios de referencia a nivel de plantas mayoristas para los gasoholes, gasolinas, gas licuado de petróleo (GLP), diésel y residuales, de acuerdo con el mandato legal.
La institución supervisora explicó que los precios de referencia reflejan el comportamiento de los precios internacionales de los combustibles en la Costa del Golfo de los Estados Unidos y son indicadores para los productores e importadores de hidrocarburos al elaborar su lista de precios a nivel mayorista. El objetivo de la publicación de Osinergmin es brindar transparencia al mercado de combustibles.
Osinergmin remarcó que este reporte de precios de referencia de combustibles no es una regulación de precios, ya que éstos se rigen por el libre mercado; en consecuencia, los agentes determinan libremente el precio de venta, los que a su vez podrían o no trasladarse a los consumidores finales en cada local de venta (GLP), grifo o estación de servicio.
Variación de los precios de referencia con respecto a la última semana
A continuación, se mencionan las variaciones de los Precios de Referencia de combustibles en comparación a lo reportado la semana anterior:
Los Precios de Referencia de las Gasolinas/Gasoholes Premium, Regular y de 84 octanos se incrementaron en promedio 2,66%, 3,31% y 4,83%, respectivamente. Por su parte, los Precios de Referencia del Diésel B5 y de los Residuales se incrementaron en promedio 3,09% y 3,07%, respectivamente. Por otro lado, el Precio de Referencia del Alcohol Carburante se incrementó 2,30%, mientras que, el Precio del Biodiésel B100 se redujo en 1,36%.
Finalmente, el Precio de Referencia de Importación del GLP se redujo 0,75% con relación a su precio de la semana anterior.
CAUSAS DE LA VARIACIÓN DE LOS PRECIOS DE REFERENCIA
Las variaciones registradas en los precios de referencia de los combustibles son consecuencia del comportamiento de los precios de los productos combustibles del mercado estadounidense (gasolinas, diésel, residuales, propano y butano) durante el período comprendido entre el 20 de marzo y el 02 de abril de 2026. Los principales factores que incidieron en la variación de los precios son los siguientes:
- El incremento de los inventarios de crudo y propano, así como el descenso de las existencias de gasolinas y destilado medio, al 27 de marzo del 2026
Los inventarios de petróleo de Estados Unidos se incrementaron en 5,5 millones de barriles alcanzando los 461,6 millones de barriles, ubicándose en un +0,1% por encima de la media de los últimos 5 años, para esta época del año.
Por su parte, las existencias de gasolinas disminuyeron en 0,6 millones de barriles, reportando un total de 240,9 millones de barriles. Asimismo, los inventarios de destilados, que incluyen al diésel y al combustible para calefacción se redujeron en 2,1 millones de barriles, ubicándose en 117,8 millones de barriles.
Finalmente, las existencias de propano aumentaron en 4,06 millones de barriles, registrando un nivel de 77,03 millones de barriles.
- EE.UU. e Irán pasaron del diálogo estancado a una confrontación abierta, mientras la crisis regional escaló y golpeó de lleno la logística energética
Durante las últimas semanas, el frente diplomático quedó claramente subordinado a la dinámica militar y conflicto abierto. Tras los contactos nucleares indirectos de Ginebra del 26 y 27 de febrero, que no produjeron avances, la ofensiva conjunta de EE.UU. e Israel iniciada el 28 de febrero rompió el frágil equilibrio previo y abrió una fase de confrontación abierta. En los días siguientes, Irán endureció su postura, el nuevo líder supremo Mojtaba Khamenei respaldó el cierre de Ormuz y Donald Trump elevó la presión con amenazas cada vez más directas, hasta pasar del lenguaje de advertencia a exigencias de “rendición incondicional”.
La escalada dio un salto importante el 13 de marzo, cuando Trump anunció ataques estadounidenses contra objetivos militares en Kharg, la isla que concentra cerca de 90% de las exportaciones petroleras de Irán. Se reportó que EE.UU. afirmó haber destruido blancos militares en la isla sin golpear directamente la infraestructura petrolera, aunque dejó explícita la amenaza de ampliar los ataques si Irán seguía interfiriendo en el Estrecho de Ormuz. Un día después, CENTCOM (Comando Central de EE.UU.) informó que las fuerzas estadounidenses habían atacado más de 90 objetivos militares en Kharg, manteniendo intactas las instalaciones petroleras. Aun así, la señal estratégica fue contundente, pues mostró que EE.UU. estaba dispuesto a escalar sobre el principal nodo exportador iraní para presionar un cambio en la postura.
En la tercera semana de marzo, la confrontación se volvió todavía más volátil. La campaña de EE.UU. e Israel contra Irán siguió golpeando objetivos estratégicos, mientras Trump evaluaba incluso la posibilidad de ocupar o bloquear la isla de Kharg para forzar la reapertura del estrecho de Ormuz. En respuesta, Irán endureció sus advertencias y dejó entrever que cualquier escalada adicional sobre su litoral, sus islas o su infraestructura energética podía derivar en un cierre más agresivo del Golfo, incluido el eventual empleo de minas marinas. Así, con corte al 20 de marzo, la crisis ya había pasado a una dinámica de coerción mutua sin una salida diplomática clara. Con posterioridad, Trump anunció una prórroga de cinco días para ataques contra infraestructura energética iraní y habló de contactos “productivos” con Teherán, aunque Irán negó negociaciones formales.
En la cuarta semana de marzo, la confrontación siguió siendo altamente volátil, aunque con una combinación más visible de coerción militar y pausas tácticas. El 23 de marzo, Trump anunció una pausa inicial en ataques contra plantas energéticas iraníes tras afirmar que existían conversaciones “muy buenas”, lo que provocó una fuerte corrección del mercado; sin embargo, Irán negó contactos formales y el alivio fue efímero. Luego, el 26 de marzo, EE.UU. amplió esa pausa por 10 días, hasta el 6 de abril, insistiendo en que las conversaciones avanzaban, aunque Teherán calificó la propuesta estadounidense como sesgada e injusta.
Ya en la semana del 30 de marzo, la crisis entró en una fase todavía más delicada, porque el mercado dejó de reaccionar a las señales verbales de Trump y pasó a asumir que la guerra podía prolongarse. Por primera vez en varias semanas, el presidente estadounidense perdió capacidad para calmar al mercado, mientras la continuidad de las amenazas contra Irán, la falta de avances diplomáticos verificables y la persistencia del riesgo sobre Ormuz reforzaron la percepción de una confrontación de mayor duración. En ese contexto, el crudo volvió a dispararse, la volatilidad se intensificó y el mercado empezó a incorporar que ya no enfrentaba una perturbación transitoria, sino una crisis con capacidad real de extenderse en el tiempo y seguir alterando el equilibrio energético mundial.
Con posterioridad cercana al cierre de la semana del 31 de marzo, comenzaron a tomar forma nuevos intentos de alto el fuego impulsado por mediadores regionales. Entre ellos destacó un esquema promovido por Pakistán que combinaba un cese inmediato de hostilidades con una segunda etapa de negociación más amplia, e incluso circuló una propuesta de 45 días para ordenar la desescalada y encauzar conversaciones formales. Sin embargo, Irán respondió que no aceptaría una tregua meramente temporal y remitió una contrapropuesta más ambiciosa, en la que exigió un fin permanente de la guerra, el levantamiento de sanciones, apoyo para la reconstrucción y un nuevo marco para garantizar la navegación y la seguridad en Ormuz.
En lo más reciente, la crisis entró en una fase especialmente sensible porque los intentos de alto el fuego no lograron traducirse en una desescalada efectiva, mientras Irán rechazó una tregua temporal y exigió un arreglo más amplio y permanente. Así, el mercado pasó a asumir que el conflicto podía prolongarse más de lo previsto, manteniendo bajo presión al estrecho de Ormuz y elevando el riesgo de nuevas acciones militares sobre la isla de Kharg o sobre la infraestructura energética del Golfo.
No obstante, ese mismo endurecimiento también empezó a abrir la posibilidad de un acuerdo forzado por el costo creciente de la confrontación. Si los canales impulsados por mediadores regionales logran converger en una fórmula aceptable para ambas partes, el mercado podría pasar rápidamente de una lógica de coerción máxima a una etapa de descompresión gradual, con alivio sobre Ormuz, moderación de la prima geopolítica y una parcial normalización de los flujos energéticos; aun así, mientras ese entendimiento no se concrete, el riesgo seguirá siendo elevado.
- La crisis del Golfo Pérsico dejó de ser solo logística y golpeó directamente la oferta de crudo, GNL y refinados en Medio Oriente
En crudo, la crisis dejó de ser una simple restricción de tránsito y se convirtió en una pérdida efectiva de oferta. Agencias de noticias reportaron que la guerra y el bloqueo de Ormuz provocaron una caída cercana a 13% de la producción petrolera regional, mientras Irak, uno de los productores más expuestos por no contar con una ruta alternativa al estrecho, vio desplomarse su producción desde alrededor de 4,3 millones de bpd previos al conflicto hasta cerca de 800–900 mil bpd. Aunque Basra Oil (Empresa petrolera estatal iraquí) sostuvo luego que podría restaurar exportaciones cercanas a 3,4 millones de bpd en una semana si Ormuz reabre, aunque al inicio de abril el mercado seguía enfrentando una contracción real de oferta, no solo un retraso logístico.
En combustibles refinados, el shock se trasladó con aún mayor intensidad al mercado. Reuters informó que el deterioro de la oferta regional de crudo y las disrupciones en movimientos de tanqueros llevaron al jet fuel (aviación) en el noroeste de Europa a alrededor de US$ 220 por barril, mientras el diésel europeo superó US$ 200 por barril, niveles que reflejaron una pérdida simultánea de suministro y capacidad de reabastecimiento. Incluso después del alivio parcial más reciente, Reuters señaló que en Asia los precios de jet fuel, gasoil y gasolina seguían muy por encima de los niveles previos al conflicto, con importaciones regionales de crudo en abril estimadas en apenas 19,22 millones de bpd, muy por debajo del promedio de 25 millones de bpd de los tres meses anteriores.
En GNL, el golpe fue estructural. Se reportó que los ataques sobre Ras Laffan dejaron fuera de operación cerca de 17% de la capacidad exportadora de GNL de Catar, equivalente a 12,8 millones de toneladas anuales, con un horizonte de reparación estimado de tres a cinco años. Ya en abril, Qatar Energy empezó a preparar una reanudación parcial de producción, pero se advirtió que la recuperación plena seguía dependiendo de una reapertura segura de Ormuz, mientras importadores como India seguían enfrentando escasez y terminales subutilizadas. En otras palabras, el mercado dejó de ver al GNL del Golfo como un flujo confiable e inmediato y pasó a tratarlo como una oferta dañada y condicionada por la evolución militar.
En conjunto, la crisis del Golfo dejó de ser una perturbación de transporte para convertirse en un shock integral de oferta energética. La región pasó a perder simultáneamente crudo, refinados, GNL y capacidad exportadora, con daños físicos, restricciones operativas y una reapertura todavía incierta de su principal corredor marítimo. Por ello, hacia el cierre del período analizado, el mercado ya no enfrentaba solo una prima geopolítica: enfrentaba una contracción material de oferta en uno de los núcleos energéticos más sensibles del mundo, con efectos inmediatos sobre precios y con secuelas que podrían extenderse incluso si el tránsito por Ormuz empieza a normalizarse.
- Venezuela y Arabia Saudita emergieron como amortiguadores parciales del mercado, pero su mayor oferta no alcanzó para neutralizar el shock del Golfo Pérsico
En medio de la crisis del Golfo, Arabia Saudita y Venezuela emergieron como los principales amortiguadores parciales del mercado. Arabia Saudita redirigió crudo hacia Yanbu, su gran puerto sobre el Mar Rojo, utilizando el oleoducto East-West, que puede enviar hasta 7 millones de bpd; de ese volumen, alrededor de 5 millones de bpd podrían quedar disponibles para exportación, y a fines de marzo los embarques desde Yanbu se acercaron a 4,6 millones de bpd. Incluso tras el ataque iraní al oleoducto, las cargas en Yanbu continuaron, confirmando que la infraestructura saudí seguía funcionando como bypass parcial de Ormuz. En paralelo, Venezuela elevó sus exportaciones a 1,09 millones de bpd en marzo, su mayor nivel en seis meses, favorecida por la flexibilización de autorizaciones de EE.UU.; sin embargo, la EIA ahora ubica su producción de crudo en 0,88 millones de bpd en el primer trimestre de 2026, por lo que el repunte exportador luce más como un alivio comercial puntual que como una expansión estructural de gran escala, aunque con crecimiento sostenido.
Aun así, el efecto de ambos fue claramente el de un amortiguador parcial, no el de una solución de fondo. El cierre de Ormuz siguió afectando mientras el propio mercado enfrentaba cierres, daños y restricciones que superaban ampliamente lo que podían compensar los barriles adicionales de Yanbu o Venezuela. Además, Arabia Saudita siguió expuesta a nuevos ataques sobre su infraestructura de evacuación, y Venezuela mantuvo severos límites internos con su red de refinación operando a solo 31% de capacidad, reflejando fragilidad operativa incluso en medio del repunte exportador. En otras palabras, ambos países ayudaron a evitar un desbalance aún mayor, pero no lograron disipar ni sustituir plenamente la oferta perdida o bloqueada en el Golfo.
- Ucrania atacó los puertos rusos de Ust-Luga y Primorsk, provocando una de las mayores disrupciones recientes sobre la capacidad exportadora petrolera rusa
Los ataques con drones ucranianos sobre Ust-Luga y Primorsk provocaron una disrupción excepcional sobre la infraestructura exportadora rusa en el Báltico. Reuters calculó que, en el momento más crítico de fines de marzo, quedó afectado cerca de 40% de la capacidad exportadora de petróleo de Rusia, equivalente a unos 2 millones de bpd, en un episodio que se convirtió en una de las mayores interrupciones recientes del suministro ruso. El golpe fue especialmente sensible porque Primorsk es una de las principales salidas del crudo Urals, mientras Ust-Luga tiene capacidad para movilizar alrededor de 700 mil bpd y además cumple un rol clave en la salida de crudo y productos.
El impacto no quedó solo en los ataques iniciales. Agencias de noticias informaron que la infraestructura báltica rusa siguió bajo presión durante varios días, con Ust-Luga recibiendo al menos cinco ataques en diez días y Primorsk sufriendo nuevos daños, incluido el impacto sobre un tramo de oleoducto. A ello se sumó la fuerte caída del tráfico marítimo: autoridades finlandesas reportaron que, frente a un ritmo normal de 40 a 50 buques por semana, tras los ataques apenas salieron unos pocos tanqueros.
La disrupción también empezó a trasladarse al sistema petrolero ruso en su conjunto. Reuters señaló que las dificultades para exportar desde el Báltico obligaron a redirigir flujos hacia rutas más costosas y limitadas, mientras crecían los riesgos de recortes de producción por falta de capacidad de evacuación. Incluso cuando a inicios de abril comenzaron a reanudarse algunas cargas en Ust-Luga, la normalización fue solo parcial y el sistema siguió operando bajo alta vulnerabilidad operativa y logística.
- China y Corea del Sur restringieron exportaciones de combustibles y ajustaron aún más el mercado asiático de refinados
China endureció su respuesta al shock energético regional al ordenar, desde el 12 de marzo, la suspensión de las exportaciones de gasolina, diésel y jet fuel que no hubieran pasado aduanas al 11 de marzo. Reuters señaló que la medida fue más severa de lo esperado, porque fue más allá de frenar nuevos contratos y alcanzó cargamentos ya comprometidos; solo quedaron fuera del veto el jet para abastecimiento de vuelos internacionales y algunos suministros destinados al abastecimiento de combustible para buques. Además, el mercado asumía que la restricción se extendería a abril, aunque con exenciones pequeñas de apenas 150 a 300 mil toneladas para algunos destinos asiáticos, confirmando que China priorizó su seguridad de abastecimiento por encima del mercado exportador.
Corea del Sur adoptó una línea similar, aunque enfocada en la nafta, insumo crítico para su industria petroquímica. El 26 de marzo, Reuters reportó que Seúl impuso controles a las exportaciones de nafta por cinco meses, elevó topes de precios internos y amplió recortes tributarios a combustibles para contener el impacto del conflicto con Irán; la decisión respondió a la fuerte dependencia surcoreana de Medio Oriente, de donde proviene cerca de 70% de su petróleo. Días después, el gobierno confirmó además compras extraordinarias de nafta rusa, como parte de su estrategia de contingencia. En conjunto, ambos países pasaron de monitorear la crisis a retener volúmenes dentro de sus fronteras.
Esta noticia pertenece al compendio Variación semanal de precios de referencia de combustibles a nivel mayorista