Hospital II-2 Tarapoto destaca la importancia del bienestar emocional para una lactancia materna exitosa
Nota de prensaEspecialista advierte que la ansiedad, el estrés y la depresión posparto pueden afectar la lactancia,

Fotos: Imagen Hospital II -2 Tarapoto
8 de julio de 2026 - 12:37 p. m.
La lactancia materna es la forma más completa de alimentación para el recién nacido, debido a que proporciona los nutrientes necesarios para su crecimiento, fortalece su sistema inmunológico y promueve un vínculo afectivo seguro entre la madre y su bebé. En ese contexto, el Hospital II-2 Tarapoto resaltó la estrecha relación entre la salud mental de la madre y la lactancia materna, enfatizando que el bienestar emocional es un factor determinante para fortalecer el vínculo afectivo entre ambos.
La psicóloga del Hospital II-2 Tarapoto, Sarita Mirelly López Guzmán, explicó que diversos estudios demuestran que la relación entre la salud mental y la lactancia materna es bidireccional, es decir, el estado emocional de la madre influye directamente en el proceso de amamantar y, al mismo tiempo, una lactancia satisfactoria favorece el bienestar psicológico materno.
"La lactancia materna no es solo alimentar al bebé. También es conexión, vínculo, contacto, tiempo y una profunda conexión emocional. Cuando una madre atraviesa altos niveles de estrés, tristeza o agotamiento emocional, su organismo libera cortisol y adrenalina, hormonas que pueden retrasar la bajada de la leche, generando inquietud e irritabilidad en el bebé, quien percibe el estado emocional de su madre debido al fuerte vínculo que existe entre ambos", explicó la especialista.
En tanto, cuando la madre se siente tranquila, acompañada y emocionalmente estable, se favorece una lactancia más prolongada y satisfactoria, con beneficios tanto para ella como para su hijo.
La especialista indicó que entre los principales factores psicológicos que pueden interferir con la lactancia se encuentran la ansiedad, el estrés, la depresión posparto, la falta de confianza en la capacidad para amamantar y el escaso apoyo familiar o social.
Estas situaciones pueden manifestarse mediante tristeza persistente, irritabilidad, preocupación excesiva, cansancio extremo, falta de interés por las actividades cotidianas, dificultad para disfrutar de la maternidad e incluso desinterés por el cuidado del bebé.
Asimismo, recomendó estar atentos a cambios importantes en los hábitos de sueño, ya sea dormir en exceso o presentar insomnio, alteraciones del estado de ánimo, sentimientos de culpa, desesperanza y dificultades para establecer un vínculo afectivo con el recién nacido.
López Guzmán advirtió que una de las señales más preocupantes es la presencia de pensamientos destructivos, como el deseo de hacerse daño o hacerle daño al bebé.
"Estas manifestaciones nunca deben ser ignoradas. Si aparecen o si los síntomas emocionales persisten por más de dos semanas, es indispensable buscar atención profesional de manera inmediata, ya que la depresión posparto, el estrés y la ansiedad tienen tratamiento y pueden superarse con ayuda especializada", enfatizó.
La psicóloga del Hospital II-2 Tarapoto, Sarita Mirelly López Guzmán, explicó que diversos estudios demuestran que la relación entre la salud mental y la lactancia materna es bidireccional, es decir, el estado emocional de la madre influye directamente en el proceso de amamantar y, al mismo tiempo, una lactancia satisfactoria favorece el bienestar psicológico materno.
"La lactancia materna no es solo alimentar al bebé. También es conexión, vínculo, contacto, tiempo y una profunda conexión emocional. Cuando una madre atraviesa altos niveles de estrés, tristeza o agotamiento emocional, su organismo libera cortisol y adrenalina, hormonas que pueden retrasar la bajada de la leche, generando inquietud e irritabilidad en el bebé, quien percibe el estado emocional de su madre debido al fuerte vínculo que existe entre ambos", explicó la especialista.
En tanto, cuando la madre se siente tranquila, acompañada y emocionalmente estable, se favorece una lactancia más prolongada y satisfactoria, con beneficios tanto para ella como para su hijo.
La especialista indicó que entre los principales factores psicológicos que pueden interferir con la lactancia se encuentran la ansiedad, el estrés, la depresión posparto, la falta de confianza en la capacidad para amamantar y el escaso apoyo familiar o social.
Estas situaciones pueden manifestarse mediante tristeza persistente, irritabilidad, preocupación excesiva, cansancio extremo, falta de interés por las actividades cotidianas, dificultad para disfrutar de la maternidad e incluso desinterés por el cuidado del bebé.
Asimismo, recomendó estar atentos a cambios importantes en los hábitos de sueño, ya sea dormir en exceso o presentar insomnio, alteraciones del estado de ánimo, sentimientos de culpa, desesperanza y dificultades para establecer un vínculo afectivo con el recién nacido.
López Guzmán advirtió que una de las señales más preocupantes es la presencia de pensamientos destructivos, como el deseo de hacerse daño o hacerle daño al bebé.
"Estas manifestaciones nunca deben ser ignoradas. Si aparecen o si los síntomas emocionales persisten por más de dos semanas, es indispensable buscar atención profesional de manera inmediata, ya que la depresión posparto, el estrés y la ansiedad tienen tratamiento y pueden superarse con ayuda especializada", enfatizó.