Expertos urgen fortalecer atención integral ante preocupante aumento de intoxicación etílica y consumo excesivo de alcohol en Perú
Nota de prensaEn la XI Jornada Internacional de Adicciones, Dr. Alfredo Saavedra Castillo advirtió que el consumo excesivo de alcohol alcanza hasta el 40 % en adolescentes, demandando intervenciones tempranas.


6 de julio de 2026 - 11:58 a. m.
La XI Jornada Internacional y XIV Jornada Nacional Científica de las Adicciones, realizada este 26 de junio en el Hospital Herminio Valdizán, puso en relieve la urgente necesidad de actualizar los enfoques clínicos y de salud pública frente a la intoxicación etílica y los síndromes de abstinencia.
El doctor Alfredo Saavedra Castillo, uno de los ponentes invitados y director general del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM “HD-HN”), expuso un panorama preocupante sobre la magnitud del problema etílico en el país, basándose en la Encuesta Nacional de Salud Mental 2022 y reportes internacionales, subrayando que la conceptualización del alcoholismo debe trascender el abuso y la dependencia para abarcar todos los patrones de consumo de riesgo. Según los datos presentados por el especialista, la problemática tiene matices críticos según la edad y el género. En la población escolar peruana, el consumo excesivo episódico —definido como la ingesta de cinco o más tragos en una sola ocasión— alcanza cifras alarmantes, afectando a un porcentaje significativo de estudiantes. Este comportamiento, documentado en estudios de DEVIDA, no solo se asocia a conductas de riesgo inmediatas, como la violencia interpersonal o accidentes, sino que incrementa drásticamente la probabilidad de desarrollar trastornos por consumo de alcohol en la etapa adulta.
El Dr. Saavedra destacó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha evidenciado que las Américas presentan uno de los mayores índices de consumo de alcohol a nivel global. Esta realidad epidemiológica convierte al consumo excesivo en un indicador de salud pública prioritario. La intervención temprana es, por tanto, la herramienta más valiosa para evitar la progresión hacia cuadros severos de dependencia, siendo fundamental que los agentes de salud identifiquen estos patrones antes de que ocurra una sensibilización cerebral irreversible. En cuanto al abordaje clínico de la intoxicación etílica, el experto enfatizó la necesidad de realizar un examen físico exhaustivo y una historia clínica detallada antes de dar de alta a cualquier paciente en servicios de emergencia. Un punto crítico de su ponencia fue el manejo de pacientes con conductas de asalto o agresividad, donde el esquema de intervención debe priorizar la seguridad del ambiente, el respeto y la utilización de alternativas farmacológicas como antipsicóticos típicos o atípicos, bajo un juicio clínico riguroso para descartar otras patologías subyacentes.
Respecto a los síndromes de abstinencia, el doctor Saavedra aclaró conceptos fundamentales para el personal médico. Contrario a la creencia popular, la gran mayoría de los pacientes con problemas de alcohol no requiere medicación psicotrópica; menos del 25 % necesita el uso de benzodiacepinas. Para quienes sí lo requieren, el soporte nutricional, especialmente la administración de tiamina, y el control ambiental son pilares esenciales. El manejo farmacológico debe ser preciso, evitando extender su uso más allá de los siete días para prevenir complicaciones o dependencia secundaria. Un apartado especial de la exposición estuvo dedicado al delirium tremens, catalogado como la complicación más severa y tardía del síndrome de abstinencia. Con una incidencia de hasta el 10 % en alcohólicos dependientes y un riesgo de mortalidad de entre el 1 % y el 4 %, esta condición exige obligatoriamente la identificación temprana y la derivación a centros hospitalarios especializados con unidades de cuidados intensivos, debido a su peligrosidad.
El especialista advirtió sobre la frecuente comorbilidad entre el alcoholismo y la dependencia a las benzodiacepinas. Según su análisis, al menos el 50 % de los pacientes alcohólicos presenta esta doble dependencia, una cifra que se eleva significativamente en menores de 25 años. En tales casos, es imperativo identificar trastornos subyacentes —como depresión, ansiedad crónica o trastorno por déficit de atención—, que suelen ser el origen del consumo. Por ello, resulta indispensable un abordaje interdisciplinario que garantice una recuperación efectiva y sostenible.
El Dr. Saavedra concluyó que la actual CIE-11 representa un avance significativo al incluir el consumo episódico nocivo y el impacto sobre terceros en sus definiciones. Este enfoque cualitativo dota al sistema de salud de mejores herramientas para identificar tempranamente los excesos. El reto para los profesionales de la salud, enfatizó, es romper la falta de conciencia de enfermedad del paciente mediante una intervención proactiva, interdisciplinaria e intersectorial que garantice un tratamiento eficaz, el cual, según la NIDA, requiere un tiempo mínimo de 90 días para ser efectivo.
El doctor Alfredo Saavedra Castillo, uno de los ponentes invitados y director general del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM “HD-HN”), expuso un panorama preocupante sobre la magnitud del problema etílico en el país, basándose en la Encuesta Nacional de Salud Mental 2022 y reportes internacionales, subrayando que la conceptualización del alcoholismo debe trascender el abuso y la dependencia para abarcar todos los patrones de consumo de riesgo. Según los datos presentados por el especialista, la problemática tiene matices críticos según la edad y el género. En la población escolar peruana, el consumo excesivo episódico —definido como la ingesta de cinco o más tragos en una sola ocasión— alcanza cifras alarmantes, afectando a un porcentaje significativo de estudiantes. Este comportamiento, documentado en estudios de DEVIDA, no solo se asocia a conductas de riesgo inmediatas, como la violencia interpersonal o accidentes, sino que incrementa drásticamente la probabilidad de desarrollar trastornos por consumo de alcohol en la etapa adulta.
El Dr. Saavedra destacó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha evidenciado que las Américas presentan uno de los mayores índices de consumo de alcohol a nivel global. Esta realidad epidemiológica convierte al consumo excesivo en un indicador de salud pública prioritario. La intervención temprana es, por tanto, la herramienta más valiosa para evitar la progresión hacia cuadros severos de dependencia, siendo fundamental que los agentes de salud identifiquen estos patrones antes de que ocurra una sensibilización cerebral irreversible. En cuanto al abordaje clínico de la intoxicación etílica, el experto enfatizó la necesidad de realizar un examen físico exhaustivo y una historia clínica detallada antes de dar de alta a cualquier paciente en servicios de emergencia. Un punto crítico de su ponencia fue el manejo de pacientes con conductas de asalto o agresividad, donde el esquema de intervención debe priorizar la seguridad del ambiente, el respeto y la utilización de alternativas farmacológicas como antipsicóticos típicos o atípicos, bajo un juicio clínico riguroso para descartar otras patologías subyacentes.
Respecto a los síndromes de abstinencia, el doctor Saavedra aclaró conceptos fundamentales para el personal médico. Contrario a la creencia popular, la gran mayoría de los pacientes con problemas de alcohol no requiere medicación psicotrópica; menos del 25 % necesita el uso de benzodiacepinas. Para quienes sí lo requieren, el soporte nutricional, especialmente la administración de tiamina, y el control ambiental son pilares esenciales. El manejo farmacológico debe ser preciso, evitando extender su uso más allá de los siete días para prevenir complicaciones o dependencia secundaria. Un apartado especial de la exposición estuvo dedicado al delirium tremens, catalogado como la complicación más severa y tardía del síndrome de abstinencia. Con una incidencia de hasta el 10 % en alcohólicos dependientes y un riesgo de mortalidad de entre el 1 % y el 4 %, esta condición exige obligatoriamente la identificación temprana y la derivación a centros hospitalarios especializados con unidades de cuidados intensivos, debido a su peligrosidad.
El especialista advirtió sobre la frecuente comorbilidad entre el alcoholismo y la dependencia a las benzodiacepinas. Según su análisis, al menos el 50 % de los pacientes alcohólicos presenta esta doble dependencia, una cifra que se eleva significativamente en menores de 25 años. En tales casos, es imperativo identificar trastornos subyacentes —como depresión, ansiedad crónica o trastorno por déficit de atención—, que suelen ser el origen del consumo. Por ello, resulta indispensable un abordaje interdisciplinario que garantice una recuperación efectiva y sostenible.
El Dr. Saavedra concluyó que la actual CIE-11 representa un avance significativo al incluir el consumo episódico nocivo y el impacto sobre terceros en sus definiciones. Este enfoque cualitativo dota al sistema de salud de mejores herramientas para identificar tempranamente los excesos. El reto para los profesionales de la salud, enfatizó, es romper la falta de conciencia de enfermedad del paciente mediante una intervención proactiva, interdisciplinaria e intersectorial que garantice un tratamiento eficaz, el cual, según la NIDA, requiere un tiempo mínimo de 90 días para ser efectivo.

