Columna de Opinión | La erosión de suelos en los Andes asfixia los ríos con sedimento
Nota InformativaPor: Sergio Morera, investigador científico del IGP

Fotos: IGP
26 de agosto de 2026 - 5:29 p. m.
En Perú, a más de tres mil metros de altitud, el paisaje genera una conexión espiritual con vientos de serenidad y esperanza, donde la tierra es un organismo que respira a través de un relieve escarpado, y el suelo altoandino constituye una piel biológica sensible que regula el recurso hídrico en los Andes. La erosión del suelo/piel, responde a una anomalía natural y antrópica crítica que, que separa la estabilidad del colapso o la resiliencia andina frente al cambio climático.
El suelo custodiaría en su estratigrafía la memoria física de la tierra si no fuera por un desgaste silencioso que el ojo humano apenas intuye. Para diagnosticar este proceso, el IGP ha puesto bajo el microscopio a Lircay, 829 km² enclavados en Huancavelica. El hallazgo desconcierta: durante siglos, el manto dorado del ichu mantuvo la pérdida de suelo por debajo de 1 t/ha/año, mientras los cultivos de ladera —arveja, haba— la disparan hasta 20 y 18 toneladas. El 60% del territorio registra ya erosión de moderada a alta, entre 20 y 45 t/ha/año, con un foco crítico en Coliscancha que supera las 100. A ello se suma la conectividad sedimentaria: el relieve contiene el aliento durante el estiaje, hasta que un evento hidrológico intenso lo exporta en horas, trasladando la erosión local a un problema fluvial regional. Entre el 82 % y el 94 % del sedimento fluvial procede de suelos desnudos, cárcavas y bancos erosionados que ocupan apenas el 18 % del territorio.
Esta cartografía forense surge de una convergencia técnica de alta precisión. Los científicos han articulado la memoria isotópica del Cesio-137, capaz de reconstruir décadas de historia erosiva en un puñado de tierra; el monitoreo en tiempo real en microparcelas, el modelado geoespacial WaTEM/SEDEM, que simula el recorrido del sedimento por la cuenca; y el fingerprinting, que identifica el origen de las partículas transportadas.
Se recomienda intervenir en Coliscancha, donde la conectividad sedimentaria esta activa, con barreras vivas y recuperar saberes como zonificación agroecológica, para la siembra de cultivos acorde a las características de las parcelas, fomentando la cobertura de residuos. Asegurar el suelo de Lircay no es un ejercicio de contabilidad ambiental, sino un pacto con el tiempo: cada centímetro que se pierde hoy es una hipoteca sobre el agua, la agricultura y la memoria de quienes habitan esas laderas. La ciencia ya trazó el mapa de estos procesos, falta ahora la voluntad de dar solución. Ciencia para protegernos, ciencia para avanzar.
Columna de opinión publicada en el diario Correo Arequipa
Columna de opinión publicada en el diario Correo Arequipa
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